Al escuchar eso, Isabella no pudo evitar blanquear los ojos.
—O sea que ni tú mismo estás seguro de qué tipo de relación querías con ella, ¿y aun así te quejas?
—Yo... yo he estado dándole vueltas como un satélite todos estos años.
—¿Alguna vez se lo declaraste claramente?
Ignacio apretó los labios.
—Sentía que no hacía falta decirlo, que ella lo entendía.
—¿Qué tenía que entender? ¿Qué querías que entendiera? —Isabella negó con la cabeza, sin dar crédito a sus palabras—. Si ella hubiera sido la primera en decir que le gustabas y te hubiera propuesto salir, ¿no la habrías rechazado de todos modos? Y precisamente porque sabía que la rechazarías, desde hace mucho tiempo renunció a la idea de tener una relación formal contigo y se conformó con esa dinámica ambigua que tenían. Y ahora que ella ya lo aceptó, ¿resulta que tú eres el que no puede soportarlo?
Ignacio abrió la boca para rebatir las palabras de Isabella, pero no encontró ni un solo argumento válido.
—Así que, cuando apareció otro hombre que le dejó claras sus intenciones de estar con ella, e incluso mencionó el matrimonio, ella decidió aceptar. Eso es todo.
Isabella sirvió un trago y se lo acercó.
—En lugar de estar aquí ahogando tus penas, deberías ir a buscarla y decirle de frente que te gusta y que quieres estar con ella.
Ignacio miró a Isabella, inseguro.
—¿Crees que me acepte?
Isabella se encogió de hombros.
—¿Yo qué voy a saber?
—¿Y si me rechaza? Entonces... entonces perderíamos hasta nuestra amistad.
—Ignacio, ¿desde cuándo te volviste tan cobarde? Deja de suponer cosas. Ve y hazlo, solo así sabrás la respuesta. Pero, antes de nada, asegúrate de tener claros tus propios sentimientos. Si tienes siquiera una pizca de duda, entonces haz de cuenta que no dije nada.
Apenas Isabella terminó de hablar, Tatiana le llamó por teléfono.
—Tengo ganas de tomar, ¡ven a acompañarme!
Isabella miró a Ignacio, que estaba encogido en su asiento, luciendo increíblemente indeciso.
—Estoy en mi casa. De hecho, Igna...
—¡Voy para allá!
Sin darle tiempo a Isabella de terminar la frase, Tatiana colgó.
Isabella soltó una carcajada irónica.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...