Durante el trayecto, Doña Wendy le avisó a todo el mundo que el bebé había sido rescatado.
Aún desde lejos, pudieron ver a un grupo de personas esperando en el cruce del pueblo para darles la bienvenida.
En cuanto el auto se detuvo, todos se amontonaron queriendo ver al niño.
Isabella y Floriana apenas lograron escabullirse de la multitud. Al ver con cuánto entusiasmo los vecinos acompañaban a Juana y a su bebé hasta su casa, ambas suspiraron aliviadas.
—Viniste al pueblo de vacaciones y terminaste organizando un rescate infantil —bromeó Floriana.
Isabella se encogió de hombros.
—¿Qué podría ser más significativo que ayudar a una madre y a su hijo a reunirse?
Floriana le dio un pequeño empujón con el codo.
—Pero te olvidaste de tu esposo por completo en estos días.
Isabella giró la cabeza y vio a Jairo aún recostado en su silla; no sabía si estaba contemplando el paisaje o si se había quedado dormido de puro aburrimiento.
Con una sonrisa, se acercó a él.
—¿Cuántos días nos quedan de vacaciones?
Jairo levantó los párpados para mirarla.
—Pedí permiso en el trabajo hasta este sábado.
—O sea, nos quedan tres días.
Isabella se sentó en la silla de al lado y apoyó la cabeza en el hombro de él.
—En estos últimos tres días seremos inseparables, ¿te parece?
Jairo sonrió.
—No me quejo. Cualquier día contigo se siente como estar de vacaciones.
—Amor, eres el mejor.
—Sé que lo soy, por eso soy digno de ti.
Ambos se abrazaron, inmersos en palabras dulces, cuando de pronto Samuel llegó corriendo, bañado en lágrimas.

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Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...