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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 5

—Pues sí tengo un problema —dijo Isabella, arqueando una ceja con una sonrisa.

El rostro de Raúl se ensombreció. No esperaba que Isabella lo rechazara de una manera tan directa.

—Bella, papá debe tener sus razones para hacer esto. Solo hazle caso —le susurró Gabriel a Isabella.

—¿Qué razones? —Gabriel se quedó perplejo.

La Isabella de antes siempre le hacía caso, nunca lo cuestionaba.

—¿No estarás cansada? Mejor hablamos mañana en la oficina…

—La verdad es que sí estoy agotada. Tuve que negociar con el cliente, cerrar el trato y luego correr de vuelta para darte una sorpresa.

—Entonces…

—Pero aun así, quiero escuchar las razones de papá.

Isabella seguía sonriendo, su tono de voz era suave, pero no cedía ni un centímetro.

—¡Ja! —resopló Raúl.

Isabella lo miró.

—Papá, llevo más de medio año preparando este proyecto. He pasado la mayor parte del mes de viaje, trabajando hasta la madrugada e incluso durmiendo en la oficina. Ahora que por fin está a punto de concretarse, quieres reemplazarme. Creo que merezco una explicación, ¿no?

—¡Tú… tienes que ver las cosas a largo plazo!

—¿Cómo que a largo plazo?

—Eres la nuera de la familia Ibáñez. El patrimonio familiar tarde o temprano será tuyo y de Gabriel. ¿Qué importa un solo proyecto? Lo que hago es para ayudarte a ganarte el respeto de la gente.

Isabella soltó una carcajada.

El presidente del gran Grupo Triunfo mintiendo sin que se le moviera un músculo de la cara.

—¡Y todavía tienes cara para reírte! —Diana, que había estado conteniendo su ira, finalmente no pudo más—. ¡Si no fueras la nuera de la casa, tu suegro no tendría por qué andarse con tantos rodeos contigo! Si te quiere sacar, te saca. ¿A ver si te atreves a renunciar?

—¡Mamá! —le espetó Gabriel.

—Bella, ¿qué quieres decir con eso?

—Digo que me engañaste.

—¿Cuándo?

Isabella hizo un puchero, fingiendo estar enojada.

—Cuando firmamos el acta, ¿qué me dijiste? ¡Que me darías una boda espectacular! ¡Pero ya llevamos tres años de casados y todavía no has cumplido tu promesa!

—¿Tú… quieres una boda?

—No es una petición exagerada, ¿o sí?

—¡Claro que es exagerada! —intervino Diana de nuevo—. Ustedes ya están casados, y desde hace tres años. ¿Para qué hacer una boda ahora? ¡Es un desperdicio de dinero!

—Si no hacemos una boda, ¿cómo sabrá la gente que soy la nuera de la familia Ibáñez, la esposa de Gabriel? Si alguien se hace pasar por mí, ¿no tendría que quedarme callada y aguantarme?

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