Mientras hablaba, Isabella hizo ademán de abrir de nuevo el clóset.
—¿Cuál? —preguntó Gabriel, asustado otra vez, y se apresuró a detenerla.-
—El que me compró tu mamá. Me encanta, no puedo perderlo.
—No está en el clóset, a lo mejor está en mi oficina.
—¿En serio?
—Sí, lo he visto ahí.
Gabriel sacó a Isabella del vestidor justo cuando Diana entraba corriendo a la habitación.
—Tú, tú…
—Mamá, Bella está buscando el abrigo color camello que le compraste. ¿Lo has visto?
Diana parpadeó varias veces antes de reaccionar.
—Ah, buscando ropa. ¿Ese abrigo?
—¿Lo has visto, mamá? —preguntó Isabella con toda naturalidad.
—No, no lo he visto. Es solo un abrigo, luego te compro otro.
Isabella sonrió.
—Qué buena eres conmigo, mamá.
La cara de Diana se tensó un poco, sin saber qué decir.
—Este es el caldo que me preparaste, ¿verdad? ¡Gracias, mamá!
Isabella se acercó sonriendo y le quitó el tazón de las manos.
—Esto… esto…
—¿No era para mí?
Diana abrió y cerró la boca varias veces, y al final solo pudo asentir secamente.
Isabella se lo bebió delante de ellos, elogiando de vez en cuando la sazón de Diana.
—Qué rico te queda el caldo, mamá.
Después de terminar, Isabella no se fue. Dijo que estaba cansada, echó a Gabriel de la habitación y se acostó en la cama.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...