—¡Qué… qué tonterías estás diciendo!
—En resumen, si quieren que me retire del proyecto, está bien, pero quiero una boda. Una tan espectacular que todo Nublario se entere. De lo contrario, ¡ni hablar!
—De verdad que te estamos dando demasiada importancia, tú…
Isabella no dejó que Diana terminara. Arrojó sus cubiertos al plato.
Con el estruendo, los tres miembros de la familia Ibáñez palidecieron.
Antes les había dado demasiada importancia, ¡y por eso se atrevieron a engañarla e insultarla de esa manera!
—Tú, tú, tú…
—Se me quitó el hambre. ¡Me voy a mi cuarto!
Dicho esto, Isabella se levantó y subió las escaleras.
Ya no era como antes, que incluso después de terminar de comer se quedaba hasta el final, ayudaba a Manuela a recoger los platos, les cortaba fruta a todos y se quedaba conversando con ellos a pesar del cansancio…
***
Al llegar al piso de arriba, vio a Manuela intentando abrir la puerta de su habitación y de Gabriel con una llave.
Isabella esbozó una media sonrisa y se acercó.
—Manuela, ¿qué intentas hacer?
Manuela se sobresaltó. Levantó la cabeza de golpe y escondió la llave a su espalda.
—Yo… solo quería limpiar tu cuarto, pero no sé qué pasa con la puerta, está cerrada con llave.
—Yo la cerré.
—¿Eh?
Isabella sacó la llave de su bolsillo y abrió la puerta delante de Manuela.
—Ve a sentarte un rato a la salita, termino de limpiar en un momento.
Manuela intentó entrar, pero Isabella se le adelantó y bloqueó la entrada.
—Estoy cansada, quiero dormir temprano. No hace falta que limpies.
Dicho esto, y sin esperar respuesta, cerró la puerta de un portazo.


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Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...