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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 577

Al irse, Isabella solo se llevó a Carlota.

Jairo hizo que Lucas se quedara y dijo que mañana el chofer de la casa llevaría a Samuel al lugar donde ella vivía. El mensaje era claro: cada quien por su lado, que nadie moleste a nadie en el futuro.

La lluvia seguía cayendo afuera. Isabella, con el corazón hecho un nudo, condujo durante un buen rato hasta que Carlota dijo que tenía hambre. Al mirar bien el camino, se dio cuenta de que se había equivocado de ruta y estaba en un camino pequeño rumbo a las afueras.

Isabella sacudió la cabeza para alejar esos pensamientos complicados y encendió el GPS.

El navegador le indicó que diera la vuelta en un lugar apropiado más adelante, pero el camino era muy estrecho y no había espacio. Siguió conduciendo bastante hasta ver una cabaña de madera escondida entre las montañas, frente a la cual había espacio para maniobrar.

Miró hacia allá, bajó del camino y giró a la izquierda para dar la vuelta, pero jamás imaginó que en ese preciso momento saldría un coche del garaje situado debajo de la cabaña. Ninguno de los dos pudo esquivar a tiempo y ¡pum!, chocaron de frente.

El golpe terminó de despejar la mente de Isabella.

Respiró profundo, consoló a Carlota con una frase y se bajó del coche.

La lluvia arreciaba. Corrió a refugiarse bajo el alero de la cabaña. Al mismo tiempo, el dueño del otro coche también se bajó: un hombre alto que echó un vistazo al choque y luego corrió también bajo el alero.

—Perdón, solo quería dar la vuelta frente a su casa, no pensé que fuera a salir en coche. La culpa es mía, ahorita mismo llamo a mi aseguradora.

Sacó su celular y estaba a punto de marcar cuando el hombre habló.

—Por este camino pasan muy pocos vehículos, y los que llegan frente a mi casa son aún menos. Además, yo casi nunca salgo.

¿Le estaba hablando a ella?

Isabella miró al hombre, pero si le hablaba a ella, ¿por qué miraba a lo lejos?

—¿Sabe cuál es la probabilidad de que choquemos?

—¿Eh?

¿Probabilidad?

Los ojos del hombre se iluminaron de repente.

—¡Lo entendí, por fin lo entendí!

Isabella apretó los labios. ¿Acaso se había topado con... un loco?

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