La mujer tenía más o menos la misma edad que Isabella, pero lucía mucho más desgastada por la vida. Llevaba puesto un delantal y, al acercarse apresuradamente, desprendía un fuerte olor a fritanga y humo, como si acabara de salir corriendo de la cocina de alguna fonda.
Al ver que la mujer se abalanzaba sobre ella con la intención de agarrarla, Isabella dio un paso atrás de inmediato.
—Señora, por favor, permítame entender primero qué está pasando, ¿sí?
—¡Tu hijo secuestró a mi niña! Lo vi, es un mocoso, ¡seguro que ustedes, los padres, lo mandaron! —La mujer miró a Isabella de arriba abajo con desprecio—. ¡Mírate, tan arregladita y elegante, seguro te pagas esos lujos vendiendo niños!
—Una acusación falsa es un delito, señora. ¡Le sugiero que cuide sus palabras!
—¡Mi hija está desaparecida! ¡No tengo tiempo para tus amenazas, devuélveme a mi niña ahora mismo!
La mujer hizo el amago de lanzarse a los golpes. Isabella miró a los policías que estaban detrás.
—¿No piensan intervenir?
Los dos oficiales, con expresiones de total resignación, se adelantaron para contener a la alterada mujer.
Aprovechando el momento, Isabella se acercó a otro oficial para informarse de la situación.
—Desde que esta señora puso un pie aquí ha estado gritando a todo pulmón. Tratamos de calmarla pero es imposible, está fuera de sí. Aunque, bueno, se le perdió la hija, hay que ser un poco comprensivos.
El policía se sentó detrás de su escritorio y le mostró a Isabella una grabación de las cámaras de seguridad.
En el video, un niño ayudaba a una niña a salir por la ventana de una casa. Luego, tomándola de la mano, ambos desaparecían al final de la calle.
Al ver con claridad a los protagonistas del video, Isabella frunció el ceño profundamente.
El niño de la grabación era, sin lugar a dudas, su hijo Samuel. Y, desde el ángulo del video, efectivamente parecía que él se la estaba llevando, sacándola a escondidas de su propia casa.
Pero Isabella también reconoció a la niña.
Era Sofía. La pequeña que vivía en el pueblo y que había crecido jugando con su Samuel.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...