La reunión terminó en un ambiente tenso. Aunque Isabella le aseguró que hablaría con Leandro sobre el tema, Elena estaba obsesionada con que se comprara la casa de contado. Como Isabella no le dio el "sí" rotundo que esperaba, Elena se marchó visiblemente molesta.
Isabella condujo directamente al apartamento de Leandro y lo encontró empacando sus maletas.
—¿No se supone que el trato del apartamento no se cerró? ¿Por qué estás empacando?
Al escuchar eso, Leandro supo de inmediato que su hermana se había reunido con la familia de Jimena.
—Me imagino que la mamá de Jimena te invitó a tomar algo, ¿verdad?
Isabella se dejó caer en el sofá.
—¿Cómo supiste que fue ella?
—Porque entre sus padres juegan al policía bueno y el policía malo; ya me han aplicado esa táctica varias veces. Como era la primera vez que te buscaban a ti, tenían que mostrarse accesibles y comprensivos, así que el papel recayó en la mamá —explicó Leandro, encogiéndose de hombros.
Isabella frunció el ceño.
—¿Ya te lo habían hecho antes?
—Sí. Desde que empecé a salir con Jimena, su papá siempre se encargó de dejarme claro que no le agradaba en absoluto, mientras que su mamá me decía lo mucho que me apreciaba. El plan era hacerme sentir que no estaba a la altura de Jimena para que yo tratara de compensarlo siendo sumiso y comiéndome de su mano. Y ahora que hablamos de casarnos, sus papeles están más definidos que nunca: uno me exige que compre un apartamento de lujo y que le entregue todo mi sueldo, y la otra me pide que sea comprensivo con el instinto protector de un padre, acorralándome para ceder en todo.
Aunque Isabella solo los había visto un par de veces, ya había sentido la manipulación de los señores Peralta, y eso era justo lo que más le incomodaba de la situación.
—El hecho de que estuvieras dispuesto a vender este apartamento para comprarles el que querían demuestra que de verdad quieres a Jimena. Como tu hermana, no puedo quedarme de brazos cruzados —dijo Isabella, sacando una tarjeta bancaria de su bolso—. Aquí hay diez millones.
Leandro frunció el ceño de inmediato.
—¡Sabes perfectamente que no voy a aceptar tu dinero!
—Tómalo como un préstamo.
—El problema no es ese. Ellos creen que, solo por ser mi hermana millonaria, tienes la obligación de dármelo regalado. Si me caso con Jimena y después empiezo a devolverte este dinero, sus papás van a hacer un escándalo brutal.
—Entonces...
*Entonces no me lo pagues y ya.* Pero Isabella no terminó la frase al ver que la expresión de su hermano se endurecía.
—Tampoco es que no pueda pagar el crédito de Residencial Armonía. Pero, piénsalo... si nos mudamos a una propiedad de ese nivel, ¿después me van a exigir que compre un auto de lujo? ¿Tendré que contratar empleados domésticos? ¿Le tendré que comprar a Jimena ropa y joyas de diseñador para que todo 'esté a su nivel'?
Leandro soltó un suspiro profundo.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...