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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 1152

¿Y bien?

Isabella parpadeó un par de veces hasta que captó la indirecta. Leandro la había probado... y evidentemente sabía horrible, por eso prefirió tragarse el resto de la frase.

Helena rodó los ojos.

—Últimamente he estado practicando muchísimo. Les aseguro que... bueno, al menos es comestible.

Al oír la dudosa garantía, Isabella soltó una risa nerviosa.

—Mejor dejemos que Leandro cocine.

Y como Leandro iba a encargarse de la cena, acordaron quedarse a comer allí.

Helena llevó las compras a la cocina y, al regresar a la sala, dejó una tarjeta bancaria sobre la mesa de centro.

—¿Qué significa esto? —preguntó Isabella, confundida.

Helena miró de reojo a Leandro.

—El ingeniero Muñoz me vendió este apartamento muy por debajo del precio del mercado. Al principio yo no tenía idea, así que le transferí el dinero y cerramos el trato. Supongo que pensó que, como llevo poco tiempo trabajando, no me iba a alcanzar para pagar más, pero no es justo que él pierda dinero. Debería darle cien mil más, pero por ahora solo tengo diez mil en esta tarjeta. Se lo iré pagando en los próximos meses.

—¿Quién te dijo que te lo vendí perdiendo dinero? —Leandro frunció el ceño de inmediato.

—Solo pasé por una agencia de bienes raíces y pregunté —se apresuró a decir Helena.

—Tú nunca te fijas en los precios del mercado. Alguien tuvo que haberte dicho algo.

—De verdad que no.

—¿Fue Jimena?

Helena se quedó callada un instante antes de sostenerle la mirada.

—Somos amigos, eso no está a discusión. Pero precisamente por ser amigos es que debemos tener cuentas claras. No me gusta deberle favores económicos a nadie, esa es mi regla personal.

Leandro dejó escapar un suspiro irritado.

—Así que sí fue ella.

—Y como estás a punto de casarte y necesitas liquidez para la casa nueva, con mucha más razón no puedo aprovecharme de ti.

—¡Es mi apartamento! A quién se lo vendo y por cuánto se lo vendo no es asunto suyo.

Al ver que Leandro se ponía pálido de coraje e incluso sacaba el teléfono para llamar a Jimena y reclamarle, Helena se alarmó. Como no pudo detenerlo, miró a Isabella buscando ayuda.

Isabella le arrebató el teléfono de las manos a su hermano.

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