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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 63

Isabella esperaba su oportunidad. En cuanto la gente que rodeaba a Jairo se dispersara, ella iría directo al grano. Le importaba poco si él escuchaba o no; tenía que decir lo que había venido a decir.

Pero en ese momento, alguien la agarró del hombro.

Se sobresaltó y, al voltear, vio que era Gabriel.

—Vete para atrás. ¡Deja de hacer el ridículo aquí! —le susurró, inclinándose hacia ella.

Isabella frunció el ceño. ¿Con qué derecho le hablaba así?

—¿Qué tiene de ridículo que esté sentada en mi lugar?

—¡Estás sentada aquí gracias al apellido Ibáñez!

—Ah, ¿sí? ¿Gracias a ustedes yo estoy sentada aquí adelante y ustedes allá atrás?

¿Acaso eso tenía alguna lógica?

—¡Por eso mismo, levántate de una vez y devuélveme mi asiento!

Isabella se quedó sin palabras. ¿Que le devolviera el asiento? ¿Acaso él creía que ese lugar era suyo?

¡Qué exceso de confianza!

—Gabriel, hay mucha gente. ¡No quiero discutir contigo! —dijo Isabella con frialdad. Sobre todo, porque tenía asuntos importantes que atender.

Pero Gabriel no se dio por vencido e incluso intentó levantarla de la silla. Isabella, furiosa, le dio un codazo y se zafó de su agarre.

—¡Isabella!

Gabriel siseó su nombre y estaba a punto de volver a agarrarla del brazo cuando Jairo, que estaba sentado a su lado, giró la cabeza para mirarlo.

Aunque su rostro no mostraba ninguna expresión, Gabriel sintió una frialdad en su mirada, como si estuviera molesto, y retiró la mano instintivamente.

—Señor Ibáñez, ¿qué hace aquí de pie? ¿No encuentra su asiento? ¡Pero si está justo allá! —dijo Ignacio, acercándose con una sonrisa. Al mismo tiempo que le señalaba su mesa, lo empujaba suavemente hacia atrás.

—Isabella es una simple empleada de Grupo Triunfo, no es apropiado que se siente ahí —insistió Gabriel.

—Claro que es apropiado. Es una mujer hermosa, se ve bien en cualquier lugar.

Después del presentador, habló un accionista de Grupo Rodríguez; después de los accionistas, subió Ignacio; y después de Ignacio, le tocó al presidente del grupo. Así pasaron más de una hora de discursos. Luego comenzó el coctel, y algunos empleados subieron al escenario para presentar un número.

Isabella pensó que por fin podría decir algo, pero al voltear, vio que Jairo se había ido.

Puso los ojos en blanco. Si no había oportunidades, tendría que crearlas. Sirvió dos copas de vino y salió sigilosamente tras él.

Llegó a la terraza, pero alguien se le había adelantado.

Una mujer despampanante, que también llevaba dos copas, se acercó a Jairo contoneando las caderas y le ofreció una.

Jairo apenas miró la copa, ignorando por completo a la mujer, y simplemente dijo:

—Lo siento.

El rechazo fue tajante. La mujer se encogió de hombros y se fue. Al pasar junto a Isabella y ver que también llevaba dos copas, le dedicó una sonrisa llena de significado.

No dijo nada, pero Isabella entendió perfectamente el mensaje: «Si a mí no me hizo caso, ¿crees que te lo hará a ti?».

***

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