Isabella apretó los labios, dudando si debía acercarse o no. Pero mientras vacilaba, Jairo se giró y la miró. Su rostro seguía inexpresivo, aunque le pareció ver que arqueaba una ceja.
Ahora sería grosero no ir a saludar.
Respiró hondo y se acercó con las dos copas.
—Señor Crespo, hoy… hoy hace un tiempo espléndido. La luna está preciosa.
Apenas lo dijo, quiso taparse la cara. ¿Pero qué tonterías estaba diciendo?
Jairo no le hizo caso, pero al ver las dos copas en sus manos, su expresión se ensombreció.
Ella se apresuró a decir:
—¡Son mías, las dos son para mí!
Y pensó para sus adentros: «Por favor, no pongas esa cara, ¡no he venido a ligar contigo!».
En realidad, Jairo solo le había dedicado una mirada fugaz antes de volver a observar a lo lejos. Su rostro, de facciones perfectas, parecía brillar como la luna en la noche. Cuando la luz lejana lo alcanzaba, creaba un halo deslumbrante a su alrededor.
Isabella siguió su mirada instintivamente y vio un enorme anuncio luminoso. En él aparecía la estrella del momento, la actriz y cantante Floriana.
Entonces lo recordó. Él era un gran admirador de Floriana.
Claro que le costaba imaginarlo como un fanático apasionado.
—A mí también me gusta mucho Floriana. De hecho, vi su última serie. Hacía un papel de princesa y se veía hermosa. ¿Usted la vio?
Pensó que empezar hablando de su ídolo sería una buena forma de captar su atención.
Pero la estrategia no funcionó. Él siguió mirando a lo lejos, sin dedicarle ni una sola mirada.
Isabella suspiró. Jairo era como un pastel recién hecho que todos querían probar, así que no tenía mucho tiempo.


VERIFYCAPTCHA_LABEL
Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...