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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 64

Isabella apretó los labios, dudando si debía acercarse o no. Pero mientras vacilaba, Jairo se giró y la miró. Su rostro seguía inexpresivo, aunque le pareció ver que arqueaba una ceja.

Ahora sería grosero no ir a saludar.

Respiró hondo y se acercó con las dos copas.

—Señor Crespo, hoy… hoy hace un tiempo espléndido. La luna está preciosa.

Apenas lo dijo, quiso taparse la cara. ¿Pero qué tonterías estaba diciendo?

Jairo no le hizo caso, pero al ver las dos copas en sus manos, su expresión se ensombreció.

Ella se apresuró a decir:

—¡Son mías, las dos son para mí!

Y pensó para sus adentros: «Por favor, no pongas esa cara, ¡no he venido a ligar contigo!».

En realidad, Jairo solo le había dedicado una mirada fugaz antes de volver a observar a lo lejos. Su rostro, de facciones perfectas, parecía brillar como la luna en la noche. Cuando la luz lejana lo alcanzaba, creaba un halo deslumbrante a su alrededor.

Isabella siguió su mirada instintivamente y vio un enorme anuncio luminoso. En él aparecía la estrella del momento, la actriz y cantante Floriana.

Entonces lo recordó. Él era un gran admirador de Floriana.

Claro que le costaba imaginarlo como un fanático apasionado.

—A mí también me gusta mucho Floriana. De hecho, vi su última serie. Hacía un papel de princesa y se veía hermosa. ¿Usted la vio?

Pensó que empezar hablando de su ídolo sería una buena forma de captar su atención.

Pero la estrategia no funcionó. Él siguió mirando a lo lejos, sin dedicarle ni una sola mirada.

Isabella suspiró. Jairo era como un pastel recién hecho que todos querían probar, así que no tenía mucho tiempo.

Con el tirante roto, el vestido comenzó a deslizarse. Se tapó el pecho con las manos, presa del pánico. Y, para colmo, en ese preciso momento, alguien se acercaba hacia ellos.

Isabella estaba aterrada. Al segundo siguiente, Jairo la tomó por los hombros, la atrajo hacia sí y la cubrió con su cuerpo, ocultándola de la vista de la persona que se acercaba.

—Señor Crespo…

—Disculpa, no es un buen momento.

El recién llegado solo alcanzó a ver el borde de un vestido rojo e inmediatamente se imaginó una escena comprometedora. Con una sonrisa de complicidad, se marchó.

Isabella, pegada al pecho de Jairo, percibió sin querer su aroma, una fragancia fresca como el pino, que resultaba increíblemente atractiva para cualquier mujer.

—¿Lo hiciste a propósito? —preguntó él.

***

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