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La Otra Esposa de mi Marido romance Capítulo 952

La hija de Julieta se enojó al escuchar eso. Le apartó la mano de un manotazo y empezó a alejarse cojeando. Julieta soltó varios suspiros de frustración, pero no tuvo más remedio que ir tras ella.

Isabella y Floriana cruzaron miradas; era evidente que ambas estaban pensando exactamente lo mismo.

Entraron al consultorio a preguntarle al doctor y confirmaron sus sospechas: la hija de Julieta no se había caído de ninguna bicicleta; le habían dado una golpiza.

—Le tuvimos que preguntar varias veces hasta que confesó que su novio le había pegado porque no conseguía dinero para comprar una casa —les explicó el médico.

Isabella manejó despacio, siguiéndolas a una distancia prudente. Vieron cómo madre e hija se metían a una vecindad enorme. Como era un lugar de cuartos en renta, supusieron que la joven vivía ahí.

Sin saber bien qué más hacer, decidieron quedarse vigilando desde afuera para analizar la situación.

Al poco rato, Julieta salió a la calle. Le preguntó a alguien por dónde quedaba el mercado, seguramente con la intención de ir a comprar despensa para cocinarle a su hija.

En cuanto la vieron alejarse, Isabella decidió entrar a la vecindad para hablar con la muchacha.

—Yo voy contigo —dijo Floriana.

Isabella negó con la cabeza y le pidió que la esperara en el coche.

Ese lugar estaba lleno de gente de todo tipo. Si alguien llegaba a reconocer a Floriana, las cosas se complicarían demasiado.

Isabella entró sola. La vecindad era enorme y albergaba a un montón de inquilinos; había desorden y ruido por todos lados.

Una mujer estaba lavando ropa en el lavadero comunitario. Isabella se acercó a preguntarle. Como no sabía el nombre de la hija, solo preguntó en qué cuarto vivía la señora Benítez.

—Aquí viven varios con el apellido Benítez, ¿por quién pregunta?

—Esteee... es una mujer de unos treinta años.

La señora pareció deducir de quién se trataba, pero dudó antes de responder.

—¿Tú quién eres?

—Acabo de traer a su mamá. Necesito platicar con ella de un asunto.

—Ah, ¿eres de su mismo pueblo?

—Sí, conozco a su madre.

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