Por primera vez en mucho tiempo, pudo llorar a lágrima viva y sacar todo lo que traía atorado.
Isabella y Floriana no intentaron detenerla con frases de consuelo baratas; simplemente se quedaron ahí sentadas, acompañándola en su dolor.
Tuvieron que pasar varios minutos para que Julieta lograra calmarse.
—Ramón mató a Xavier, pero para proteger el honor de nuestra hija, prefirió no decir el verdadero motivo ante el juez. Solo se limitó a decir que había sido por un pleito de sueldos atrasados.
—En un caso así… ¿se puede meter la apelación?
Isabella asintió con firmeza.
—Por supuesto que sí. Te voy a conseguir al mejor abogado que haya.
Julieta juntó las palmas de las manos a modo de súplica y agradecimiento.
—Gracias… de verdad, muchísimas gracias a las dos.
Esa misma noche, Julieta grabó un video contando la verdad para limpiar la imagen del hotel. Isabella le pasó el material al departamento de relaciones públicas y luego movió sus contactos para contratar a un penalista de muchísimo renombre. Una vez que el abogado llegó con su equipo y recibió todas las indicaciones pertinentes, Isabella por fin pudo emprender el camino de regreso a la zona residencial de Nublario junto con Floriana.
Gracias a las declaraciones de la mujer, el escándalo mediático que amenazaba a los hoteles del Grupo Crespo logró apagarse casi de inmediato. Aprovechando que la balanza de la opinión pública volvía a estar de su lado, Jairo Crespo no perdió el tiempo y lanzó una agresiva contraofensiva en contra de la familia Prado.
El enfrentamiento entre ambas familias se volvió tan encarnizado que muchos empresarios en el sector no entendían qué mosca les había picado, en especial a Ignacio Rodríguez y a Thiago Flores.
—¿Qué carajos está pasando? —preguntó Ignacio, visiblemente confundido.
Era el cumpleaños de Ignacio. Como nunca le habían gustado los festejos escandalosos, solo había invitado a sus amigos más cercanos para tomarse unos tragos.
Jairo asistió, y también lo hizo Facundo Prado, pero ambos se sentaron en extremos opuestos del salón. Jairo mantenía la calma de siempre, pero Facundo lo miraba con cara de pocos amigos, haciendo que el ambiente en la reunión estuviera cortante y tenso.
Isabella le dio un par de palmadas en el hombro a Ignacio.
—Escogiste el momento perfecto para cumplir años, ¿eh?
Ignacio resopló con impotencia.
—Pues en estas fechas me parió mi jefa, ni modo que le reclame a ella.
En ese instante, Thiago se acercó a ellos frotándose los brazos.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...