—Sí, mi cielo —respondió con una sonrisa cansada—. Faltan unos tres meses para que salga de aquí y puedan conocerlo.
—¿Y nos va a decir hermanos?
Belén soltó una pequeña carcajada.
—Claro que no.
—¿Por qué no?
—Ay, no seas menso. Porque los bebés recién nacidos no saben platicar —comentó Lucas Crespo sin siquiera despegar la vista del libro que estaba leyendo a un lado.
—Pues yo le enseño —replicó Samuel, dándose unas palmadas de orgullo en el pecho.
—Aun así, no te podría decir hermano —aclaró Belén.
—¿Y ahora por qué?
—Por cómo está armado el árbol de la familia, más bien ustedes tendrían que decirle tío o tía a este bebecito.
—¿¡Qué!? —exclamaron ambos gemelos al unísono, abriendo los ojos de par en par.
Lucas, que era mucho más agudo, hizo un cálculo rápido en su cabeza y de inmediato comprendió la lógica de los parentescos. Pero a Samuel la idea no le hizo ni la más mínima gracia.
—¡Pero yo quiero que sea mi hermanito menor! ¡Yo siempre he querido tener un hermanito chiquito! —hizo un ligero berrinche.
—Bueno, aunque por regla no le vas a poder decir hermanito, eso no quita que puedas quererlo y cuidarlo como si lo fuera —intervino Isabella, entrando a la sala con una sonrisa antes de dirigir su mirada hacia Belén—. Tía, te veo con mucho mejor semblante el día de hoy.
Belén forzó una sonrisa algo decaída.
—Es que hoy este travieso se portó un poco mejor y no dio tantas patadas, así que ando algo aliviada.
Jairo iba entrando justo detrás de su esposa. Su intención era subir directo al despacho para reunirse con su abuelo Cristian, pero la voz de Leonardo lo detuvo en seco desde la entrada del comedor.
—Oye, Víctor nos metió en un problema gravísimo esta vez. La familia Prado ya nos declaró la guerra total. Ambas partes estamos perdiendo muchísimo dinero en esta ridiculez. ¡Si me preguntas a mí, deberías lavarte las manos, dejar a Víctor a su suerte y que se pudra allá adentro!
Jairo suspiró con evidente frustración.
—¿Le parece que esas son palabras dignas de un padre?
—Esos de la familia Prado también tienen la cabeza hueca —masculló Cristian con fastidio—. Dos de los jóvenes tienen un pleito de faldas y ellos, en lugar de arreglarlo por la vía pacífica, vienen a hacer su teatro a nivel corporativo, arrastrándonos a todos. —El anciano soltó un largo suspiro para calmar los nervios y luego miró a su nieto—. A ver, dime la verdad, ¿cómo está la situación en las empresas actualmente?
Jairo asintió levemente y procedió a darle un reporte minucioso al abuelo sobre el estado de las finanzas y las operaciones.
—Para no hacerle el cuento largo, nuestra asociación con el Grupo Prado abarca demasiados proyectos en común. Con esta ruptura, no voy a negar que estamos sangrando bastante dinero, pero le garantizo que el golpe económico que ellos se van a llevar va a ser muchísimo peor.
—Efectivamente. Y lo más importante es que nuestros tres pilares financieros no tienen absolutamente nada que ver con ellos, así que las industrias clave de nuestra familia están intactas —analizó el abuelo Cristian con agudeza.
—Exacto. Por eso le digo que vamos a salir golpeados, sí, pero no van a lograr derribar los cimientos de nuestra empresa. En cambio, ellos sí corren el riesgo de irse a la quiebra.
—Los líderes de la familia Prado no son ningunos tontos —advirtió el anciano con cautela—. Tarde o temprano se van a dar cuenta de esto.
Jairo compartía ese mismo temor.
—Precisamente porque saben que en un enfrentamiento legal y financiero llevan las de perder, ya nos jugaron sucio una vez. Y me temo que de aquí en adelante nos van a intentar atacar por debajo de la mesa.
La principal razón por la que la familia Prado representaba una amenaza de tal magnitud no era por sus cuentas bancarias, sino porque históricamente siempre habían tenido vínculos y negocios turbios con el bajo mundo de la ciudad. De hecho, en más de una ocasión, la misma familia Crespo había tenido que acudir a ellos y pedirles ciertos “favores” para resolver problemáticas que no se podían arreglar por las vías legales tradicionales.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...