Renunciar a Víctor y seguir en buenos términos con la familia Prado no era una opción para ellos.
Si la familia Prado insistía en pelear contra la familia Crespo, ellos aceptarían el reto hasta el final.
Después, Jairo y Cristian fueron al estudio a platicar de unos asuntos. Isabella mandó a los gemelos a sus respectivas habitaciones a dormir. Justo cuando terminó de lavarse y estaba por acostarse, llegó Belén.
Traía una maleta grande.
—Aquí traigo ropa limpia para Víctor y algo de su comida favorita —dijo—. Por favor, cuando tengas tiempo, llévasela a la prisión.
Isabella miró el tremendo bulto, dudando mucho que dejaran meter todo eso.
—¿Por qué no se lo lleva usted y aprovecha para verlo? —preguntó.
Belén soltó un suspiro.
—Seguro no quiere verme. Y yo, la verdad... me da miedo tenerlo enfrente.
—¿Le da miedo? —Isabella se sorprendió.
Belén se quedó callada un instante y asintió.
—Si te soy sincera, sí. Le tengo pavor.
Isabella la invitó a sentarse y le preguntó qué había pasado exactamente entre ellos. Era increíble que madre e hijo hubieran llegado al extremo de romper lazos y odiarse de esa manera.
—Desde chiquito fue un rebelde. Apenas aprendió a caminar y ya soltaba golpes —explicó Belén—. Niño de su edad que veía, niño al que le pegaba. Yo me la pasaba pidiendo disculpas a los demás papás, hasta que mejor dejé de sacarlo. Pero tenía que ir al kínder, y ahí, él solo se agarraba a golpes con todo el salón. Tuvimos que cambiarlo de escuela un montón de veces, hasta que no quedó de otra que dejarlo en casa con la niñera.
—Bueno, tal vez solo era un niño muy travieso —comentó Isabella.
—¿Una víbora? —Isabella se quedó boquiabierta.
—Estaba dormida cuando sentí algo helado trepando por mi pierna. Prendí la luz y vi una serpiente enorme. Pegué un grito, me caí de la cama y salí corriendo. Del puro pánico, al querer bajar, me fui rodando por las escaleras. Caí de golpe al piso, y justo antes de desmayarme, lo vi parado allá arriba. Se estaba riendo de mí, y traía la víbora enredada en el brazo.
Belén hizo una pausa antes de seguir:
—Esa vez me rompí tres costillas, me fracturé la pierna izquierda y estuve tres meses internada.
—Desde entonces le agarré terror. Ya no podía quedarme a solas con él, ni sentarme a comer en la misma mesa. Terminé mandándolo a un internado. Lo veía una vez al mes... luego cada tres meses, después cada medio año, hasta que pasó a ser una vez al año.
Al recordar todo eso, Belén aún se veía alterada.
—Él ya nació así. Prefiero aceptar que fui un fracaso como madre antes que volver a intentar corregirlo. Conforme fue creciendo, los problemas se hicieron más grandes. Ya viste en lo que terminó esta vez.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Otra Esposa de mi Marido
Porque no me deja seguir leyendo, compre monedas y cuando llego al 608, ya no me deja...