Al ver que volvía a tomar esa actitud tan descarada, Erika decidió no seguirle el juego. Justo cuando estaba a punto de marcharse, Valerio la tomó del brazo.
—Este fin de semana invité a tu mamá y a tu hermano a jugar al golf, ¿quieres acompañarnos?
Erika se zafó con un tirón, se detuvo y se volvió hacia él:
—Valerio, lograste reunir a mi familia. Gracias a ti por fin tengo un hogar, y todos te estamos inmensamente agradecidos por ello. Pero que intentes ganarte favores actuando de esta forma tan empalagosa... ¿no crees que es un exceso?
—Estoy intentando conquistar a la mujer que amo. ¿Qué tiene de malo fortalecer mis lazos con su familia?
Erika lo evaluó con la mirada unos segundos y contestó con indiferencia:
—El golf es un pasatiempo para gente adinerada como tú. Yo no encajo en ese mundo.
Y sin más, Erika salió de la oficina abrazando sus expedientes.
....................
Erika se quedó encerrada en el estudio de fotografía hasta la hora de cierre.
Amelia la siguió de cerca hasta la oficina:
—El presidente Ramírez se fue poco después de que te encerraras en el estudio.
Erika asintió.
—Qué bien. Oye Amelia, ¿tienes algún compromiso después del trabajo?
—Para nada. Dime a dónde vamos, yo te sigo.
—¿Me acompañas a la plaza comercial?
—¡Claro que sí! Ya extrañaba ir de compras.
Erika había pensado que, con el inminente regreso de su padre biológico, sumado a su madre y a su hermano, era su deber preparar algunos regalos para ellos.
Junto con Amelia, salieron del trabajo y se dirigieron al centro comercial.
Después de lo ocurrido un par de días antes, cuando casi pierde la vida mientras les compraba cosas a los niños, ya no se atrevía a visitar tiendas a pie de calle.
Los centros comerciales de lujo, al menos, contaban con vigilancia estricta y eso le daba un poco de paz mental.

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