La llegada de ambos al Grupo Núñez no pasó desapercibida, causando asombro entre el personal de recepción.
Desde que Jimena había empezado a trabajar ahí, casi nadie los había visto llegar juntos en un mismo vehículo.
Así que el verlos usar atuendos combinados como la pareja que eran, obviamente dejó a todos sorprendidos.
Federico notó las miradas curiosas del personal; levantó una ceja y miró de reojo a Jimena.
Jimena actuó como si no le importara la atención y caminó directamente hacia los elevadores.
Federico aceleró el paso y entró junto a ella al elevador.
Jimena se percató de que Federico la estaba examinando con la mirada y le preguntó:
—¿Pasa algo?
Federico negó con la cabeza, sonriente.
—Me impresiona cómo pudiste pasar frente al personal de recepción con esa cara de póquer mientras todo el mundo se te quedaba viendo. Te admiro.
Jimena conservó su expresión imperturbable y habló con mucha tranquilidad:
—Es la costumbre.
—¿Acaso usted todavía no se acostumbra, señor Núñez?
Jimena había crecido rodeada de atención y escrutinio.
Ese tipo de miradas ya eran el pan de cada día para ella.
De hecho, durante la peor crisis que sufrió el Grupo Calvo, esa clase de atención había sido incluso más pesada y sofocante.
Pero ¿qué importaba si la miraban o no?
No iba a detenerse solo por estar en la mira de los demás.
Si se detenía, lo único que iba a conseguir sería perder el tiempo.
Federico levantó el brazo con total naturalidad, pero se detuvo justo antes de envolver la cintura de Jimena.
Anoche sus manos habían tenido la libertad de tocarla sin reparo alguno, pero en ese momento, viendo a una Jimena arreglada, serena y tan inalcanzable, su brazo no supo qué hacer.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...