La llegada de ambos al Grupo Núñez no pasó desapercibida, causando asombro entre el personal de recepción.
Desde que Jimena había empezado a trabajar ahí, casi nadie los había visto llegar juntos en un mismo vehículo.
Así que el verlos usar atuendos combinados como la pareja que eran, obviamente dejó a todos sorprendidos.
Federico notó las miradas curiosas del personal; levantó una ceja y miró de reojo a Jimena.
Jimena actuó como si no le importara la atención y caminó directamente hacia los elevadores.
Federico aceleró el paso y entró junto a ella al elevador.
Jimena se percató de que Federico la estaba examinando con la mirada y le preguntó:
—¿Pasa algo?
Federico negó con la cabeza, sonriente.
—Me impresiona cómo pudiste pasar frente al personal de recepción con esa cara de póquer mientras todo el mundo se te quedaba viendo. Te admiro.
Jimena conservó su expresión imperturbable y habló con mucha tranquilidad:
—Es la costumbre.
—¿Acaso usted todavía no se acostumbra, señor Núñez?
Jimena había crecido rodeada de atención y escrutinio.
Ese tipo de miradas ya eran el pan de cada día para ella.
De hecho, durante la peor crisis que sufrió el Grupo Calvo, esa clase de atención había sido incluso más pesada y sofocante.
Pero ¿qué importaba si la miraban o no?
No iba a detenerse solo por estar en la mira de los demás.
Si se detenía, lo único que iba a conseguir sería perder el tiempo.
Federico levantó el brazo con total naturalidad, pero se detuvo justo antes de envolver la cintura de Jimena.
Anoche sus manos habían tenido la libertad de tocarla sin reparo alguno, pero en ese momento, viendo a una Jimena arreglada, serena y tan inalcanzable, su brazo no supo qué hacer.
—Así es.
Jimena no replicó; tan solo curvó un poco los labios, su rostro no delataba mayor emoción.
Las puertas del elevador se abrieron al llegar al piso donde estaba la oficina de Jimena.
Los dos salieron al mismo tiempo.
Para llegar al despacho de Jimena, tenían que pasar justo frente a la oficina de la señora Núñez.
Mientras avanzaban por el pasillo, a tan solo un par de metros de la puerta del despacho de la señora Núñez, escucharon la voz de Octavio Núñez, el tío de Federico, resonando desde el interior:
—Fátima, ¿la razón por la que en todos estos años no has querido que Federico entre a trabajar al Grupo Núñez no es porque temes que la empresa termine cayendo en manos de los Núñez otra vez? Prefieres dejar que alguien de afuera controle el negocio antes que dárselo a Federico. ¡Y eso que es tu propio hijo!
Jimena y Federico se detuvieron en seco frente a la puerta.
—Jimena dejó Entretenimiento y Futuro S.L. hecha un verdadero desmadre, ¡y Federico es quien ha estado recogiendo toda su basura últimamente! Si esa mujer de verdad fuera capaz de hacer algo, el Grupo Calvo no habría necesitado que tú intervinieras para sacarlos del hoyo.
Las palabras de Octavio destilaban desprecio y burla, demostrando lo poco que valoraba a Jimena.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: La Traición en Vísperas de la Boda
Frederico junto com Regina no leilão novamente? Eu realmente não quero que a Jimena fique com o Frederico. Que homem mais ou menos!...
Esse professor Vicuña, é um velho sem nenhuma decência; por mais que o casamento fosse um contrato existia uma esposa! Irritada com esse velho nojento....
Nossa! Estou lendo com um nó na garganta. Quanta coisa Jimena está aguentando, e que homem horrível é esse Frederico… peguei ranço dele!...
Não entendo porque Jimena está tão benevolente com Regina. Espero sinceramente que essa Regina tenha um fim ruim…...
Garrada num ódio dessa Regina… quero que Jimena esmague ela com a ponta do sapato....
Me gustaría saber cuántos capítulos faltan y cuando los publicará...