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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1456

Víctor Ferrer se quedó en silencio, sentado en la silla.

Su mirada se posaba de vez en cuando en Jimena Calvo. Al verla sostener al bebé con tanta ternura, sintió una inexplicable melancolía.

Belinda Ferrer y Víctor todavía no se habían ido a casa, y el bebé de Belinda no dejaba de llorar.

Como ni los padres de la familia Ferrer ni la niñera lograban calmar al niño, tuvieron que llamarla para pedirle que regresara.

Cuando los hermanos Ferrer estaban a punto de irse, Petra Calvo se apresuró a decirle a Jimena:

—Ya es tarde, deberías irte a descansar y aprovechar para acompañar a Belinda y a Víctor a la salida.

Jimena asintió sin poner excusas.

Petra acababa de dar a luz, estaba muy débil y necesitaba reposo.

Además, Benjamín Hurtado ya la estaba cuidando, así que quedarse no serviría de mucha ayuda.

Jimena salió de la habitación junto a los hermanos Ferrer.

Una vez en el elevador, Belinda le sonrió a Jimena y le preguntó:

—¿Trajiste tu coche, Jimena? Si quieres, te damos un aventón.

Jimena miró la hora en su reloj y respondió con tranquilidad:

—No te preocupes, yo me voy en el mío. ¿No decías que tu bebé estaba haciendo berrinche en casa porque te extraña? Mejor vete rápido.

Al escucharla, Belinda miró a Víctor.

Él no dijo nada, solo se quedó de pie a un lado, en silencio.

Belinda le dio un codazo y, por fin, él habló con voz calmada:

—Deberías dejar que mi chofer te lleve. Estás embarazada y no es seguro que manejes sola a estas horas de la noche.

Belinda se quedó sin palabras ante la torpeza de Víctor.

—Mejor yo me llevo el coche a casa. Hermano, dale un aventón a Jimena; ahorita ella necesita más que la cuiden.

Jimena estaba a punto de negarse.

Víctor intentaba sacarle plática de forma casual.

Jimena le respondía con una sonrisa.

Dejó de mirar por la ventana y se giró para hablar con él.

Víctor detuvo el coche en un semáforo en rojo.

Justo al lado, un sedán negro también esperaba la luz verde.

Cuando el semáforo cambió, Víctor aceleró y avanzó.

Sin embargo, el sedán negro que iba en el mismo carril no se movió.

Fue hasta que el coche de atrás empezó a pitar con insistencia que Andrés, el asistente, reaccionó sobresaltado y arrancó a toda prisa.

Echó un vistazo nervioso por el espejo retrovisor.

En el asiento trasero, Federico Núñez no apartaba la vista del coche que se alejaba.

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