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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1361

Al llegar a la residencia Núñez, Jimena fue la primera en abrir la puerta y bajarse del auto.

Federico le pidió a un empleado que llevara el vehículo a la cochera.

Mientras se bajaba, lanzó una mirada furtiva hacia la esquina de la calle.

Tal como sospechaba, el mismo automóvil que había estado rondando la sucursal acababa de aparecer ahí.

Evidentemente los estaban siguiendo para sacar fotos.

La señora Núñez ya le había dado instrucciones a la cocina para que la cena estuviera lista.

En cuanto Jimena cruzó la puerta, la señora Núñez la tomó de la mano y la llevó directo al comedor.

Durante todo el proceso, ni siquiera se dignó a dirigirle una palabra a Federico.

Cuando él entró al comedor y vio los platillos sobre la mesa, se quedó en silencio por unos instantes.

Todo el menú era de sabores sumamente suaves, e incluso al consomé de pollo le habían quitado toda la grasa.

Federico caminó hasta la silla que estaba frente a Jimena y se sentó.

En ese momento, la señora Núñez le sirvió un tazón de caldo a Jimena y se lo puso enfrente.

—Le pedí a los cocineros que prepararan algo muy ligero. El caldo de pollo te dará fuerzas, así que toma todo el que puedas.

—Hoy hablé con Delfina por teléfono y me comentó que casi no has tenido apetito estos días.

—Me encargué de contactar a unos nutriólogos especialistas en esta etapa para que armaran un menú adecuado, y ya se lo envié a Delfina para que te compre los ingredientes exactos.

Jimena tomó el tazón que le ofrecía y le dio las gracias con voz suave.

—Gracias, mamá.

La señora Núñez sonrió con cariño, y su tono de voz se volvió sumamente dulce.

—No tienes nada que agradecer, mi niña. Con que no te moleste que ande de entrometida, me doy por bien servida.

Jimena también sonrió.

—Claro que no.

Federico, sentado en su lugar, observaba lo bien que se llevaban su madre y su exesposa. Aclaró su garganta y comentó:

—Oigan, yo también he tenido jornadas muy pesadas últimamente. ¿Por qué no veo que me sirvas un tazón a mí?

Al escuchar el comentario de Federico, la señora Núñez resopló con frialdad y le contestó:

—¡Bastante hago con no cantarte tus verdades como para que todavía exijas que te sirva!

Federico chasqueó la lengua al notar la cara de pocos amigos que le ponía la señora Núñez cada vez que lo miraba.

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