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La Traición en Vísperas de la Boda romance Capítulo 1497

Su sincera confesión había salido de sus labios sin rodeos. En sus ojos brillaba una determinación inquebrantable; ya no pensaba esconderse.

El corazón de Jimena se aceleró. Por instinto, esquivó esa mirada ardiente.

Se llevó la copa a los labios y le dio un pequeño trago al vino, en un intento por calmar el alboroto que se había desatado en su pecho.

Llevaba años separada y ya se había acostumbrado a estar sola, por lo que enfrentarse tan de repente a semejante declaración de intenciones la dejó sin saber qué contestar.

¿Debería rechazarlo con la misma frialdad de antes?

Pero Jimena seguía teniendo sus dudas.

A fin de cuentas, hace seis años las cosas se le habían salido de las manos.

Aunque muy en el fondo Jimena se negaba a aceptarlo, de vez en cuando, en el silencio de la madrugada, no podía evitar recordar una y otra vez la imagen de la espalda de Federico cuando se marchó totalmente destrozado.

Al final, fue ella la que había sido demasiado dura, y eso los empujó a un desenlace que estaba muy lejos de lo que realmente esperaba.

Al verla evadir la mirada, Federico supo que todavía existía una barrera entre los dos, por lo que decidió no presionarla. Suavizó su postura y su tono de voz para decirle: —Sé que te lastimé muchísimo y entiendo perfecto que te cueste trabajo olvidarlo. No espero que me perdones hoy mismo, y mucho menos te voy a obligar a que me aceptes de nuevo.

—Aún nos queda mucha vida por delante. Lo único que pido es poder quedarme a lado de ustedes y poco a poco compensar todos los errores del pasado, para ver si logro derretir ese hielo en tu corazón. No me importa cuánto tiempo me tome, estoy dispuesto a esperar.

Cada una de sus palabras estaba cargada de sinceridad. Hablaba desde lo más profundo de su ser.

La cena a su lado desprendía un suave vapor y el aroma del vino flotaba en el ambiente, creando un cálido momento entre ambos.

Desde la cocina, Delfina escuchó el discurso de Federico y se limpió disimuladamente un par de lágrimas.

En esta ocasión, Jimena no lo rechazó con frialdad como lo habría hecho en el pasado.

Al escuchar a Jimena, Delfina asomó la cabeza y salió de prisa para llevarse los platos a la cocina.

El hecho de que Jimena estuviera dispuesta a quedarse en la mesa esperando a Federico para seguir con la conversación, demostraba que las cosas entre ellos todavía tenían arreglo.

Durante todos esos años, Delfina había acompañado a Jimena mudándose desde Residencial Los Arrayanes hasta el departamento, y del departamento a la casa de la familia Núñez.

Delfina sabía perfectamente cuál era el verdadero motivo por el que Jimena se aferraba a venir mes tras mes con Fernanda para pasar unos días en la casa de la familia Núñez.

Para su mala suerte, durante esos mismos años, Federico se la había pasado evadiéndola casi a propósito; parecía que ambos vivían en el mismo espacio, pero en universos paralelos, pues sus caminos siempre se cruzaban a destiempo.

Ahora por fin se les presentaba la rara oportunidad de sentarse a platicar.

Por supuesto que Delfina deseaba con toda su alma que lograran reconciliarse.

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