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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 109

—Tú...

Leonardo se quedó paralizado por ese "hermano", una fina capa de niebla cubrió sus ojos inyectados en sangre. Sintió como si un peso de cien kilos le aplastara la cabeza, impidiéndole pensar con claridad.

¿Cómo sabía ella que él era su hermano?

Además... Si lo había llamado "hermano" por iniciativa propia, ¿significaba que estaba dispuesta a perdonarlo?

Al ver a Leonardo tan sorprendido, desconcertado y culpable, Aldana no pudo evitar poner los ojos en blanco.

Antes, cuando la mandó a volar, la humilló con dinero y la presionó para que cenara con su "hermana", ¿no era muy bueno para insultar?

Con su "mi hermana esto, mi hermana aquello", ¿no se le daba bien hablar?

Y ahora que su hermana estaba frente a él, se había quedado mudo.

—¿Quieres saber cómo te reconocí?

Aldana sonrió y, frotándose la muñeca, habló con pereza.

—Sí.

Leonardo, como si sus pies estuvieran pegados al suelo, se quedó inmóvil, mirando fijamente a su hermana.

Era como si temiera que, al cerrar los ojos, ella desapareciera.

—Una amiga es tu fan. Un día me enseñó una foto tuya y, de paso, investigué un poco.

Aldana esbozó una sonrisa y respondió sin prisa:

—Y resultó ser una gran coincidencia.

—¿Desde cuándo lo sabes?

La garganta de Leonardo estaba seca, su voz era un susurro ronco, aún sin recuperarse del impacto.

—Desde el sábado pasado.

Aldana resopló un par de veces y se metió un caramelo en la boca para reprimir la ira que sentía.

—Cuando me empujaste, aproveché para arrancarte un par de cabellos.

¿El sábado pasado?

Leonardo pensó por un momento y recordó la primera vez que se vieron.

Así que... En ese momento, ella ya sospechaba que él podría ser su hermano.

—Lo siento.

El rostro del hombre, ya pálido, se tornó aún más lívido, su voz temblaba.

—No quiero...

Aldana lo miró de reojo y Leonardo, al notarlo, se corrigió de inmediato:

—No fue mi intención, de verdad.

Leonardo apretó el informe, confirmándolo una y otra vez.

Aldana era realmente su hermana, su hermana de sangre.

—¿Todavía te duele?

La mirada de Leonardo se posó en el brazo de ella. Quiso acercarse para revisarlo, pero temió que su hermana lo rechazara, así que solo se atrevió a preguntar con cuidado.

—¿Eh?

Aldana quiso bromear un poco más, pero al final no tuvo corazón. Las palabras "todavía duele bastante" se convirtieron en:

—Más o menos.

¿Más o menos? Eso significaba que le dolía.

La expresión de Leonardo cambió. Se dio la vuelta, fue a un rincón y encontró un palo.

—Pégame tú a mí —dijo el hombre con una seriedad absoluta, sin rastro de broma—. Pégame fuerte, hasta que te desahogues.

—¿?

Aldana levantó la vista, el movimiento de comer el caramelo se congeló.

Uhm, mejor no.

Con un solo golpe suyo, podría quedarse sin hermano.

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