¿Leonardo Valencia no odiaba a Niebla?
¿Cómo podía estar suplicándole que lo golpeara de esa forma?
No tenía sentido, esto no tenía ningún sentido.
Seguramente era porque había corrido demasiado rápido y su cerebro aún no se recuperaba.
O quizás había abierto la puerta de la manera incorrecta.
Sí, eso era.
Irina se dio unas palmaditas en la cabeza, salió de la habitación y tomó varias bocanadas de aire fresco.
Una vez que se aseguró de que su mente estaba despejada, volvió a empujar la puerta.
—Si te cansas, puedes pedirle a alguien más que lo haga —dijo Leonardo con el rostro pálido y un tono aún más sumiso que antes.
Irina se quedó paralizada, tan desconcertada que no sabía qué hacer con sus extremidades.
No había escuchado mal, no había visto mal.
Leonardo Valencia de verdad le estaba pidiendo a Niebla que lo golpeara.
Ese tono, esa mirada, esa actitud...
Cercanía, ternura, afecto... Llevaba más de diez años al lado de Leonardo Valencia y nunca lo había visto con una expresión así.
A menos que... Irina se quedó perpleja por unos segundos y, de repente, fue como si se diera cuenta de algo increíble.
¿Sería que estos dos estaban saliendo?
¿Acaso ella era parte de su juego?
¡No podía ser, no podía ser!
Antes de que Irina pudiera salir de su “fantasía”, volvió a escuchar a Leonardo:
—Siendo tu hermano, no volveré a lastimarte de ahora en adelante.
¿Qué?
¡¿Hermano?!
Las pupilas de Irina se dilataron, su boca se abrió y sus ojos casi se salieron de las órbitas.
Su expresión cambió en un abrir y cerrar de ojos.
Si Leonardo se llamaba a sí mismo hermano, ¿entonces Niebla era su... hermana?
¿Hermana?
¿Niebla era la hermana de Leonardo Valencia?
¡Mierda!
Irina perdió el equilibrio, su cuerpo se tambaleó violentamente y su espalda chocó con fuerza contra la puerta.
*¡Bang!*
El fuerte ruido hizo que Leonardo y Aldana se giraran al mismo tiempo para mirarla.
¡¡Mierda!!
—¿Qué pasó? ¿Por qué Leonardo Valencia no hizo nada?
—¡No solo no hizo nada, sino que le pidió a Niebla que se sentara!
—La señora Irina entró, seguro que detuvo el conflicto. Además, nuestro Leonardo Valencia es un caballero, ¿cómo podría realmente ponerse violento?
—Estoy de acuerdo, la señora Irina seguramente tomará cartas en el asunto a favor de Leonardo Valencia. Cancelar el contrato será cuestión de minutos.
—Por cierto, Carmina, ¿la señora Irina no te pidió que te quedaras?
—Sí.
Carmina ya no estaba interesada en lo que pasaba adentro. Se sentó en una silla a jugar con su celular, respondiendo de vez en cuando a Lucrecia.
—Felicidades.
Los demás entendieron el significado y empezaron a adularla:
—Cuando seas la protagonista, ¿podrías conseguirnos más tiempo en pantalla?
—Aún no hay nada seguro —dijo Carmina con modestia, aunque por dentro estaba rebosante de alegría.
Leonardo Valencia le había preguntado su nombre y la señora Irina le había pedido que se quedara. El significado era obvio.
Todos felicitaban alegremente a Carmina, pero solo un grupo de chicas que habían sido excluidas notaron algo extraño.
¿Acaso no les pareció...
que el gesto de Leonardo al pedirle a Niebla que se sentara fue muy tierno?

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