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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 123

Por la noche, Leonardo se preparó mentalmente durante un buen rato antes de atreverse a llamar a su hermana.

—Hermanita…

En cuanto contestó, el rostro del generalmente frío ídolo del cine se iluminó con una sonrisa, y su voz se suavizó inconscientemente.

—Ya revisé la propuesta de coreografía para el video musical. No hay ningún problema.

*Mi hermana es increíble*, pensó, *incluso preparó dos versiones*. La que no incluía bailarines de respaldo era claramente superior.

—Perfecto.

Aldana sostenía el teléfono con la mano derecha mientras, con la izquierda, usaba un lápiz digital en su iPad para hacer los ajustes finales a unas joyas.

—Aldi —dijo Leonardo, algo desanimado al no escuchar a su hermana llamarlo “hermano”—. ¿Tienes tiempo mañana? Acompáñame a comer, quiero presentarte a un amigo.

Los próximos dos meses estaría ocupado con el trabajo del video musical y probablemente viajaría con frecuencia. Ese video era su regalo para su hermana, no podía tomarlo a la ligera.

Sabía que su familia adoptiva consistía en una madre soltera con una hija que cursaba el último año de preparatoria. Cuidar de dos adolescentes debía ser difícil para ella. Aldi tenía exámenes pronto y, para colmo, había unos vagos molestándola…

Después de mucho pensarlo, decidió que necesitaba encontrar a alguien que la cuidara temporalmente. El candidato ideal: Rogelio. Ese hombre parecía tener tiempo de sobra y, como ya estaba interesado en alguien más, seguramente no desarrollaría otras ideas hacia Aldi. Por lo tanto, pedirle que la cuidara era la mejor opción.

*¿Un amigo?* En la mente de Aldana, apareció inconscientemente el rostro de Rogelio.

—Por la tarde —respondió Aldana con una ligera sonrisa, entrecerrando los ojos con aire despreocupado—. Iré después de clase. Mándame la dirección.

—Claro.

Leonardo asintió sonriendo y luego le preguntó si ya había comido, si estaba cansada de estudiar y un montón de cosas más, sin querer colgar.

—Hermano, pues…

Aldana, ya harta de su parloteo, no pudo evitar interrumpirlo.

—Deberías ir a tomar un poco de agua.

Llevaba diez minutos hablando sin parar, ¿de verdad no se cansaba?

*¿Hermano?*

Al fin, al escuchar esa palabra, Leonardo se sintió satisfecho y su sonrisa se amplió.

—Está bien, no interrumpo más tu descanso. Nos vemos mañana, hermanita.

—Mmm.

Aldana respondió con un murmullo y añadió un “adiós, hermano” antes de colgar sin piedad.

*Vaya.* En serio dudaba del estado mental de ese hermano suyo. ¿Realmente eran hermanos de sangre?

Al otro lado, Leonardo, con el teléfono en la mano, se quedó junto a la ventana saboreando el momento, con una leve sonrisa en los labios. ¡Aldi lo había llamado “hermano”! ¡Y dos veces!

Un momento después, marcó el número de Rogelio.

—Mañana por la tarde, veámonos. Te presentaré a mi hermana.

—De acuerdo.

Rogelio no se negó y preguntó con una risa suave:

—¿Qué le gusta a tu hermana? Para llevarle un regalo de presentación.

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