¿En serio acababa de levantar la mesa de computadoras como si fuera de papel?
¿Eh?
Las mesas en el aula de medicina no eran como las de los salones normales. Además de las computadoras, tenían integrados varios equipos de laboratorio.
En total, pesaban fácilmente más de cien kilos.
Por lo general, cuando había que darles mantenimiento o moverlas, se necesitaba a varias personas trabajando juntas.
¿Y Aldana la había levantado solo con sus dos manos?
Y lo más impresionante era que lo hizo sin ningún esfuerzo, como quien levanta a un cachorrito.
...
Lucio Ibarra se quedó congelado en su asiento. Sus ojos reflejaban puro terror mientras miraba a Aldana, quien ahora se estaba rotando las muñecas tranquilamente.
—No te asustes.
Aldana metió las manos en los bolsillos. Lo miró y le dedicó una sonrisa: —La mesa estaba un poco chueca, solo la moví un poquito.
Los demás pensaron: ¿Un poquito, mis narices?
¿Esa era una acción digna de una chica que parecía tan delicada y frágil?
Con esa fuerza, bien podría derribar a un toro de un puñetazo.
...
Lucio tragó saliva ruidosamente, sin atreverse a decir ni pío.
—Ya terminé, pueden seguir platicando —Aldana esbozó una leve sonrisa, regresó a su asiento y se puso a jugar en su teléfono, de lo más feliz.
El aula, que segundos antes era un hervidero de murmullos, quedó sumida en un silencio sepulcral.
Nadie se atrevió a decir otra palabra.
Poco después.
El profe Bonifacio entró con un fajo de exámenes en la mano. Su rostro lucía inusualmente ensombrecido.
Era evidente que estaba furioso.
Lucio se enderezó de inmediato en su asiento, echó un vistazo hacia atrás a la imperturbable Aldana y mostró una sonrisa de anticipación.
Cero.
Una vez que se revelaran las calificaciones, quería ver con qué cara iba a seguir diciendo que 'entendía todo' y cómo iba a aguantar quedarse en la clase.
—Miren cómo respondieron este examen —dijo el profe Bonifacio, golpeando los papeles contra el escritorio. Su mirada recorrió el aula con frialdad—: Si van a ser así de descuidados, ¿quién se atreverá a confiarles la vida de un paciente en el futuro?
...
Nadie se atrevió a contestar. El profe Bonifacio era famoso por su estricta disciplina, así que todos estaban acostumbrados a sus regaños.

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