Luminara.
En otra suite del edificio.
Al enterarse de que la joven se mudaría a vivir con él, Rogelio mandó urgentemente a su gente a reajustar los muebles y la decoración de la casa.
La suite era un dúplex, con dos plantas, era espaciosa y con una distribución lógica.
Se habían añadido muchas plantas y flores en la sala de estar, y el balcón se había acondicionado para cultivar un montón de cilantro.
El dormitorio de Aldana, en particular, había sido decorado con esmero.
No era una habitación de princesa recargada y hermosa, sino un diseño simple y elegante en blanco puro.
Limpio y diáfano, un deleite para la vista que transmitía paz.
—¿Te gusta? —preguntó Rogelio, bajando la mirada hacia el rostro de la chica.
—Sí.
Aldana echó un vistazo a su alrededor, muy satisfecha.
¿Acaso este hombre podía leerle la mente?
—Con que te guste, es suficiente —dijo Rogelio, y luego llamó a la ama de llaves, con voz suave—. Ya conoces a Eva. A partir de ahora, ella se encargará de tu día a día.
—Señorita Carrillo —dijo Eva, inclinando la cabeza en un saludo respetuoso.
—Puedes llamarme Aldana. —Aldana la recordaba, la había visto en casa de Rogelio la vez anterior. Era muy amable con ella y, además, cocinaba delicioso.
—No sería apropiado.
Eva negó con la cabeza, con una actitud humilde y afectuosa.
—Señorita Carrillo, cualquier cosa que necesite, no dude en pedírmela.
Eva sentía un cariño genuino por aquella chica.
Tenía una belleza deslumbrante y un buen carácter, solo que...
Eva miró de reojo a Rogelio, tragó saliva y pensó para sus adentros: es un poco joven.
Ella había criado al señor Lucero desde pequeño y podía adivinar sus intenciones con solo una mirada.
Originalmente, pensó que él encontraría a una señorita de buena familia, de su mismo estatus social, con quien pasaría el resto de su vida de forma convencional.
Pero no esperaba que conociera a la señorita Carrillo.
En todos estos años, nunca había visto al señor mostrar tanto interés por una chica.


Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector