—Deberíamos tener una niña en el futuro —dijo Leonardo con suavidad.
Sombra se asustó tanto que comenzó a toser sin control. Rápidamente bebió agua para calmarse y, una vez que recuperó el aliento, lo miró incrédula.
—¿Qué acabas de decir?
—Dije que deberíamos tener una niña en el futuro. —Leonardo le limpió la comisura de los labios con un pañuelo, viéndose totalmente serio—. No quiero un hijo, quiero una niña.
Sombra lo fulminó con la mirada, como si estuviera viendo a un loco.
¿Acaso se había vuelto loco?
Primero que nada, ¡ni siquiera se habían casado! Segundo, ¿no era el hombre quien determinaba el sexo del bebé?
Y, por último...
¡¿Desde cuándo el gran actor Leonardo Valencia tenía favoritismo por las niñas?!
—¿Una hermanita? —Julián levantó la cabeza y preguntó con curiosidad—. Hermana, ¿vas a darme una hermanita?
¡Qué enredo de parentescos!
Si ella tuviera una hija, Julián sería su tío, no su hermano.
¡Ahhhh!
¡Sonaba casi inmoral!
—Termina tu desayuno. —Sombra le metió un trozo de pan en la boca a Julián para que se callara y miró a Leonardo—. El sexo del bebé lo decide el padre, señor Leonardo.
—Si empiezas a cuidar tu salud desde ahora, calculo que podrías lograr tener tu ansiada niña.
Sombra esbozó una sonrisa irónica y añadió:
—Échale ganas.
¿Cuidar su salud?
Leonardo soltó sus cubiertos e inmediatamente le envió un mensaje a Aldana Carrillo.
[Leonardo: Aldi, quiero tener una niña, ¿cómo me preparo?]
[Aldana: ¿Qué mosca te picó?]
[Leonardo: Es en serio, solo quiero una hija.]
[Aldana: Soy doctora, no la Cigüeña, ¿ok?]
Realmente jamás se había dedicado a estudiar ese tipo de temas.
Y, además, ¡ni siquiera se había casado todavía y ya estaba investigando cómo tener una niña!
[Aldana: Escúchame, tu prioridad es casarte con Sombra y llevarla al altar, luego piensas en lo demás.]
Leonardo levantó la vista hacia Sombra. Sabía perfectamente por qué ella no quería ir a firmar los papeles aún.
Tenía miedo de arruinar su carrera.

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