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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1420

El malentendido se aclaró.

Después de la cena, Aldana se recostó en los brazos de Rogelio para ver los videos juntos.

El primero era de cuando se emborrachó.

En esa ocasión, no se dio cuenta de que le habían servido un cóctel preparado especialmente para mezclarlo con jugo.

Como el sabor le gustó, se tomó varios vasos.

Y en cuestión de horas, todo se salió de control.

Ya pasadita de copas, arrinconó al perrito que tenía la Profesora Michelle y le estuvo pidiendo su número para mandarle mensajes toda la noche.

El perro intentó escapar, pero fue en vano.

Desde entonces, cada vez que el animalito la veía, se daba la vuelta para evitarla.

—Je.

Al ver a la pequeña borrachita en el video y al pobre perro indefenso y asustado, Rogelio soltó una carcajada profunda. No pudo evitar bromear: —¿Así que mi pequeña Noche es tan adorable cuando se emborracha?

¿Pedirle el número a un perro?

—¡No te burles! —Las mejillas de Aldana ardían, y le pellizcó la cintura con fuerza.

Qué castigo.

Con tanto ejercicio que hacía el hombre, su abdomen era puro músculo y, lejos de hacerle daño, ella misma se lastimó los dedos.

—Vamos a ver los demás. —Rogelio le tomó la mano, besó sus nudillos y sonrió ampliamente.

El segundo: «Video 'Noche habla en sueños'».

En esa época, Aldana le daba clases a varios expertos y la presión era abrumadora.

Mientras dormía, no dejaba de repetir palabras en inglés, y de la emoción, hasta gritaba "¡Vamos, tú puedes!".

Y no fue una sola vez.

Gritó tan fuerte que la Profesora Michelle, que dormía en la misma habitación, se despertó de un salto.

A toda prisa sacó su celular y grabó esa escena tan peculiar.

En el tercer video, Aldana, por glotona, se había atascado de comida y su estómago no paraba de tener hipo.

Por cada palabra que decía, le salía un hipo.

Era demasiado tierno.

Y cuando estaban por abrir el cuarto video...

Rogelio apenas iba a darle clic cuando Aldana se levantó de sus brazos y masculló: —Tú sigue viéndolo, comí demasiado, así que me voy a hacer un poco de ejercicio.

¿Hacer un poco de ejercicio?

Al escuchar esto, la mirada de Rogelio se oscureció y la observó con gran intensidad.

...

Desde que el día de ayer su secreto había salido a la luz y todos supieron que era la Dra. Noche, sentía que se había convertido en la persona más codiciada de la facultad.

Todos la miraban fijamente, como si fuera el premio mayor de la lotería y todos quisieran sacarle un pellizquito.

Qué agotador.

Aldana aceleró el paso y se dirigió hacia la clase élite.

—Buenos días, profe Bonifacio. —Al ver al maestro en la puerta del salón vistiendo un traje impecable, Aldana hizo una ligera reverencia de cortesía.

—Uy, por favor, no haga eso. —El profe Bonifacio se asustó tanto que se encorvó de inmediato, con una sonrisa de oreja a oreja—. Usted es la gran Dra. Noche, jamás permitiría que me haga una reverencia.

Aldana: ...

—Pase rápido, la clase está por empezar —le recordó el profe Bonifacio, extendiendo las manos—. ¿Gusta que le cargue la mochila?

—No, gracias. —Aldana se espantó y apartó su mochila rápidamente, parpadeando—: Profe Bonifacio, cuando se porta así, me da miedo.

—¡Pero de qué tiene miedo! —El profe Bonifacio se secó el sudor de la frente y esbozó una gran sonrisa—. Pase, pase, entre al salón, cuidado donde pisa.

...

Aldana volvió a quedarse sin palabras y entró al aula abrazando su mochila.

¡Zas!

Apenas levantó la vista, todos los alumnos del salón se pusieron de pie al mismo tiempo y la saludaron al unísono: —¡Buenos días, Dra. Noche!.

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