¿Su… hija?
Casiana bajó la mirada hacia la gatita que ahora descansaba dócilmente en sus brazos y se quedó parpadeando, estupefacta.
¿No le había dicho a la asistente que pasara a recogerla?
¡Un momento!
¿No se suponía que Félix era alérgico a los gatos? ¿Por qué la andaba cargando como si nada?
—Adentro. —Félix la tomó firmemente de la muñeca y la arrastró hacia el interior de la casa.
Al ver sus espaldas alejarse, Gustavo soltó un ligero suspiro, con una mirada inescrutable.
***
De regreso en la sala de estar.
Félix soltó la maleta a un lado, pero se negó a soltarle la muñeca a Casiana. Frunciendo el ceño, le exigió:
—¿Por qué regresaste con Gustavo Galván?
—Gustavo tenía asuntos que arreglar en Europa y me trajo de paso. —Casiana forcejeó un poco, respondiendo con hostilidad—: Suéltame.
—¡Casiana!
Félix llevaba dos días y dos noches sin pegar el ojo, con la cabeza y el corazón llenos solo de ella.
Y ella no solo le ignoraba los mensajes y las llamadas, sino que además llegaba muy sonriente del brazo de Gustavo.
¿Acaso planeaba dejarlo para irse corriendo a los brazos de ese abogado?
—¿Por qué me dejaste los papeles del divorcio firmados? —preguntó Félix en voz baja, con los ojos enrojecidos—. ¿Fue por él? ¿Qué tiene de especial Gustavo Galván para que lleves tantos años sin poder olvidarlo?
¡No tenía carácter ni pantalones!
Si Félix hubiera estado en el lugar de Gustavo y se hubiera enterado de que la mujer que amaba iba a casarse por conveniencia con otro, habría irrumpido en la boda para llevársela a la fuerza, sin importarle nada.
¿Esconderse en el extranjero por tres años para luego regresar a querer robársela?
¿Qué hizo todo ese tiempo?
—¿Qué tiene que ver el licenciado Galván en todo esto?
Obligada a sostenerle la mirada, Casiana, con el rostro ensombrecido por la rabia, le espetó:
—¿Acaso no sabes muy bien por qué lo hice?
¿Para qué se metió a estudiar medicina?
¡Con ese talento para hacerse la víctima y voltear las cosas a su favor, le habría ido mejor como actor de telenovela!
—¿Yo qué voy a saber? —Félix, con los nervios de punta, le arrebató a la gata de los brazos, frustrado—. Esa noche yo no te hice nada, solo te besé sin pedirte permiso y luego le cambié el nombre a la gata por Gordito.
—¿Gordito? —Casiana se quedó de piedra.
—Obvio se viene conmigo. —Casiana se agachó para llamar a la felina—. Ven con mamá, mi niña hermosa.
«…»
Félix se quedó de pie, inmóvil, observando con gran diversión el dilema existencial de la gata.
—¡Miau!
La mascota los miró alternativamente con sus enormes ojos, debatiéndose entre sus dos amos.
Casiana: —Preciosa, ven para acá.
Félix: —Gordito, ven con papá.
Y acto seguido…
Gordito dio media vuelta y caminó con paso elegante directamente hacia Félix.
Casiana: «¿¿¿???»
Solo se había ido por tres malditos días, ¿qué brujería le había hecho Félix a su gata?
—En este mundo no hay lata de atún que sea gratis. —Félix se agachó para acariciarle el lomo a la gata.
Si comes a mis expensas, tienes que ayudar a papá a reconquistar a mamá.

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