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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1508

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Al ver a la gata felizmente acurrucada junto a Félix, el rostro de Casiana palideció de la rabia, pero sus ojos no pudieron evitar llenarse de lágrimas.

Si él no la quería, vaya y pase, ¿pero hasta su propia gata la traicionaba?

¿De verdad era tan poca cosa?

—Está bien, de ahora en adelante se queda contigo. —Casiana apretó los labios, giró sobre sus talones y comenzó a subir las escaleras—. Voy a revisar qué más cosas tengo que dejarte de una vez.

—¡Espera!

Félix la atrapó por la muñeca, enfrentándose a la mirada llorosa de la chica.

—¡Casiana, dame una buena razón!

—¿Por qué de repente estás tan aferrada a pedirme el divorcio?

—Félix, ¿vas a seguir haciéndote el tonto? —Casiana lo miró, con el dolor desbordándose de sus ojos, y respondió con la voz entrecortada—: Porque Fabiola ya regresó.

—¿Fabiola?

Félix la miró como si le hablara en otro idioma.

—¿Y eso qué? ¿Qué demonios tiene que ver ella?

—Si el gran amor de tu vida volvió al país, ¿no es lógico que yo deba hacerle espacio?

Casiana se limpió una lágrima furtiva, luchando desesperadamente por mantener la compostura.

—Nuestro matrimonio siempre fue una farsa, un acuerdo conveniente. De no ser por un par de azares del destino, probablemente ustedes ya estarían casados.

—¿Casados?

Mientras más escuchaba, más irreal le parecía todo. Félix frunció el entrecejo con severidad.

—¿Casado con quién? ¿Con Fabiola?

—¿Me lo vas a negar? —Casiana le sostuvo la mirada, ofendida.

—Ah…

Félix soltó una carcajada irónica, tan frustrado que casi se reía de verdad.

—Si tanto te urge divorciarte, no tienes que inventarte excusas tan patéticas.

—¿Esto te lo enseñó el Licenciado Galván? Claro, como es un experto en divorcios, seguro tiene la cabeza llena de artimañas baratas.

—¿Por qué sigues metiendo a Gustavo en esto? —Casiana alzó la barbilla, indignada—. Es un asunto entre tú y yo, deja de arrastrarlo.

—Me quieres pedir el divorcio, ¿y esperas que no piense que es para irte corriendo a sus brazos?

Félix tenía los ojos inyectados en sangre por la desesperación.

—Casiana, ¡dime de una maldita vez qué le ves de grandioso a ese sujeto!

—¿Quién dijo que estoy enamorada de él? —explotó Casiana, perdiendo los estribos.

—¿Qué?

Félix se quedó pasmado. La miró con cautela y preguntó:

—¿No estás enamorada de Gustavo Galván? ¿No llevas desde la adolescencia suspirando por él?

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Capítulo 1508 1

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