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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1526

—¿Ah, sí?

Rogelio Lucero enarcó una ceja poblada, tomó su teléfono, desactivó el altavoz y preguntó con una sonrisa burlona:

—¿A quién intenta conquistar nuestro querido instructor Zavala?

Wilfredo Zavala no solo era el vicepresidente de la asociación de carreras, sino que también había abierto un club de automovilismo donde trabajaba como instructor.

—¡Viejo zorro, preguntas sabiendo la respuesta! —Wilfredo se sintió un poco avergonzado, pero pronto suavizó el tono—. ¿Acaso no pasaste por lo mismo? Si lograste conquistar a mi hermanita que era casi inalcanzable, debes tener experiencia de sobra.

—¿Inés Palma?

Rogelio sonrió con orgullo. Se recostó en la silla, con la mirada fija en una fotografía sobre su escritorio, y sus facciones se suavizaron de inmediato.

—Ajá.

—A ti te gusta ella, ¿pero tú le gustas a ella? —preguntó Rogelio sin rodeos.

—¿Por qué empiezas con ataques personales? —se quejó Wilfredo, con el rostro ensombrecido—. No olvides que cuando te cases, me necesitarás como infiltrado para ayudarte desde adentro.

...

Rogelio se frotó las sienes. Era cierto, se había olvidado por completo de ese detalle.

—Lo primero que debes averiguar es si a Inés le gusta alguien más. —Rogelio se puso serio—. Si ya tiene a alguien en su corazón y tú te metes, ¿no te convertirías en el tercero en discordia?

Esa sola frase dejó a Wilfredo pasmado.

Tras un largo silencio, Rogelio por fin escuchó su voz:

—¿Qué importa eso? Si Inés llega a quererme, no me importa ser el plato de segunda mesa. Yo lo acepto.

Rogelio se quedó helado y la comisura de sus labios tembló.

—Inés no es como Aldi, y mucho menos como Casiana —analizó Rogelio para él—. Cuando Aldi no me rechazó al principio, fue porque le gustaba mi cara y mi dinero. Casiana y el Dr. Hidalgo lograron volver a estar juntos en tan poco tiempo porque en el fondo siempre se amaron. Pero tú e Inés...

Rogelio hizo una pausa de un par de segundos y bajó la voz:

En el pasado, se la pasaba criticando al viejo zorro, llamándolo asaltacunas por andar con alguien más joven. Y ahora, miren nada más. El karma le había dado justo en la boca.

***

Al día siguiente.

Aldana Carrillo se despertó tarde. Se arregló a toda prisa y ni siquiera tuvo tiempo de desayunar.

Apenas salió por la puerta, se topó con Wilfredo.

—Buenos días, hermanita.

Wilfredo llevaba unos jeans claros holgados, una camiseta blanca de manga corta y una ligera chaqueta gris. Tenía el cabello recién cortado, luciendo fresco y elegante. Justo estaba parado bajo la luz del sol, y los cálidos rayos lo hacían ver como un modelo de revista.

Vaya.

Aldana enarcó una ceja. Wilfredo se había arreglado demasiado para ser un día cualquiera.

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