Aldana Carrillo vio que la situación se desarrollaba bastante bien, así que pidió que el informe se "retrasara" unos días.
Durante este tiempo, Gilda se quedó al lado de Héctor Lucero.
Todo lo que ella hacía, los padres de Héctor lo observaban.
—Gilda es una buena chica —suspiró Don Segundo Lucero—. Si Héctor tiene la oportunidad de recuperarse, no nos interpongamos más.
—Mientras mi hijo tenga salud, nada más me importa.
Los ojos de la señora Lucero se humedecieron y murmuró:
—Que haga lo que quiera y que esté con quien quiera.
Siempre y cuando pudiera volver a ser el de antes.
***
Tres días después.
El informe médico "por fin" salió. Aldana Carrillo entró a la habitación con los papeles en mano.
—¿Y bien? ¿Qué dice? —La señora Lucero era la más alterada—. ¿Aún hay esperanzas de que vuelva a caminar?
Gilda se mantuvo en silencio, con la mirada fija en el informe que Aldana sostenía.
Héctor Lucero tampoco se atrevía a decir ni media palabra, esperando a que su cuñadita hiciera su gran actuación.
—Según los resultados actuales, las piernas de Héctor están en perfectas condiciones.
Aldana se aclaró la garganta y fingió total seriedad.
—El problema es que sufrió un fuerte impacto en la zona lumbar que le provocó una fisura. Necesita reposo absoluto. Si la recuperación es favorable, en tres meses podrá caminar con normalidad.
—¿De verdad?
La señora Lucero le arrebató el informe y lo revisó por todos lados. Solo veía términos médicos e imágenes incomprensibles.
—Gracias, Aldi. De verdad, muchísimas gracias —dijo la señora Lucero, abrazando a Aldana mientras rompía a llorar de gratitud.
—De nada, tía —respondió Rogelio Lucero por Aldana, aprovechando para jalar a su esposa de vuelta a sus brazos.
Con las emociones a flor de piel, la señora Lucero tuvo que buscar a alguien más para compartir su alegría.
Al voltear, se topó de frente con Gilda.

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