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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1798

Dentro de la habitación.

Héctor se restregaba los ojos desesperadamente para que se vieran rojos e hinchados, clavando una mirada sombría en el techo.

—¡Mi vida!

Doña Elvia se abalanzó hacia él, tartamudeando, derramando lágrimas antes siquiera de poder articular palabra.

—Cálmate, no lo asustes —le advirtió Don Segundo en un susurro, sosteniéndola del brazo—. No sabemos si Aldana ya le explicó su diagnóstico.

Si se alteraba demasiado, podría lastimarse más.

—No hace falta que me oculten nada, ya lo sé —Héctor volteó el rostro, mirándolos con una «expresión de muerte», y con voz ahogada dijo—: El resto de mi vida... solo seré un estorbo que dependerá de una silla de ruedas.

Al escuchar eso, a Elvia se le destrozó el corazón y se apresuró a decir:

—Héctor, no digas eso, seguro encontraremos alguna solución.

—Si la cuñadita no sabe qué hacer, ¿qué más nos queda?

Héctor esbozó una sonrisa amarga.

—¿No querían ustedes que terminara con Gilda y volviera a ser el de antes, junto a ustedes?

—Terminaré con ella ahora mismo y regresaré a casa.

Claro que querían tener a su hijo cerca, pero no bajo esas circunstancias tan dolorosas.

—Papá, dile a Gilda que entre, por favor. —Héctor actuaba como si fuera real, combinando a la perfección una dosis de dolor, conflicto, lucha interna y un poco de nostalgia.

Don Segundo frunció el ceño profundamente, sin moverse.

Al segundo siguiente.

La puerta se abrió y Gilda, con una expresión gélida, entró directamente a la habitación.

—¿Me buscabas? —Sus fríos ojos se posaron en el rostro de Héctor, y su voz sonó suave, pero ronca.

—Sí.

Al encontrarse con la mirada llena de angustia de Gilda, Héctor sintió que no aguantaría la farsa y desvió los ojos de inmediato.

—Me he enamorado de otra chica. Quiero terminar contigo.

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