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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1663

Cinco minutos después.

Bruno estaba jadeando. Le corría el sudor por la frente y la nariz le sangraba sin parar.

Había intentado un ataque sorpresa por la espalda, pero Gilda, sin siquiera mirarlo, había bloqueado el golpe con el reverso del brazo, y él mismo había terminado estrellándose de cara.

Y ahí estaba, con la nariz reventada.

Durante el descanso, mientras tomaba agua, Bruno fulminaba con la mirada a la mujer que apenas se estaba sacudiendo el polvo de la ropa.

Estaba empezando a cuestionar toda su vida.

Llevaban peleando todo ese tiempo, él estaba cansado como un perro, ¿y ella no mostraba ni una gota de sudor?

—Bruno, hermano, esta mujer sí que sabe pelear. —Un subordinado se acercó a echarle más leña al fuego—. En internet, todos le están echando porras.

Bruno le arrebató el celular y la pantalla casi lo deja ciego de la furia.

[¡El orgullo de todas las mujeres!]

[¡Esto es lo que las verdaderas mujeres queremos ver!]

[¿Por qué ladra tanto ese pelón? Si no sabe pelear, ¡que se baje del ring!]

[¡Dicen que esta chica es como la hermana mayor de Aldana y la hermana menor del actor Leonardo Valencia! ¡Dios mío, Dios mío!]

[¡Qué guapa, qué genial, qué estilo! ¿Me puedo casar con ella?]

[¡Hermosa, no le pegues a él, pégame a mí!]

[¿Y ese dice ser campeón nacional? ¿De qué pueblo sacó el título?]

[¡Lo anuncio oficialmente: desde hoy la amo!]

[¡Y decían que solo conquistaba a los hombres! ¡A las mujeres nos trae locas también!]

[Gimnasio Gilda, ¿verdad? ¡Anotado, me voy a inscribir ahora mismo!]

[¡Ay, qué miedo me da ese tipo, que la señorita hermosa me proteja!]

[¡Y yo aquí en mi casa dando saltos porque no tengo su número!]

[¡Que quiten al calvo de la cámara, me tapa la vista de la diosa!]

Bruno cerró el teléfono de un golpe y se tronó el cuello.

—Ya que las cosas son así, que no me culpe por no tener piedad.

—¡Acábala, jefe! —lo animó su lacayo.

Cinco minutos después.

—¡Pum!

—Si me hablas así, me voy a ofender.

—Como si me importara —replicó ella con una media sonrisa, antes de seguir caminando.

Héctor se quedó paralizado, como hipnotizado.

«¿Me acaba de sonreír?».

Aunque fue una sonrisa sutil, estaba seguro de que iba dirigida a él. ¡Eso era un avance enorme!

—¡Sí! —Héctor dio un golpe al aire con entusiasmo y corrió tras ella—. ¡Gilda, espérame!

Pero apenas dio unos pasos, un hombre se cruzó en su camino, dirigiéndose directamente hacia Gilda.

¿Eh?

¿No era ese el tipo de la mirada sospechosa que se la pasaba espiando a Gilda desde las gradas?

¿Qué quería con ella?

Héctor frunció el ceño, apretó el paso y se plantó frente a Gilda, escudándola.

Con mirada hostil, retó al desconocido:

—¿Y tú quién eres? ¿Qué quieres? ¡Aléjate de ella!

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