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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 1803

—No hace falta —Héctor la detuvo, pestañeando con expresión seria—. Solo dame un analgésico y estaré bien.

—¿Dónde están las pastillas? —Gilda instintivamente se giró hacia el buró, pero apenas hizo el amago, Héctor tiró de ella, acercándola a su rostro, y le robó un beso.

—Este es mi analgésico —susurró él con voz ronca.

Gilda rodó los ojos internamente, pero con toda la paciencia del mundo le preguntó:

—¿Ya te sientes mejor?

—Por supuesto que no.

Héctor se humedeció los labios con una sonrisa pícara y descarada.

—Me duele mucho. La dosis fue demasiado baja.

Dicho esto, la tomó por la nuca con suavidad, atrayéndola de nuevo hacia él para profundizar el beso.

—Tu herida... —Gilda no se atrevió a forcejear demasiado por miedo a lastimarlo, dándole ventaja al sinvergüenza.

Afuera de la habitación.

Don Segundo y la señora Lucero acababan de llegar con la comida. A través del cristal de la puerta, presenciaron toda la escena.

—Ay, Dios mío —la señora Lucero aspiró aire—. ¡Y eso que está convaleciente!

—Shh.

Don Segundo le cubrió la mano a su esposa y la apartó hacia un lado.

—Con Gilda cuidándolo, Héctor tiene mejor semblante y está de excelente humor. Como padres, lo mejor que podemos hacer es no meternos en los asuntos de los jóvenes.

—Tienes razón.

Después de los errores del pasado, la señora Lucero no pensaba armar otro escándalo.

Viendo cómo Gilda se había encargado de Alondra Valeriano y cómo se había quedado firme junto a Héctor, le quedó claro que era una gran mujer.

Al diablo con todo. Mientras su hijo fuera feliz, ella no interferiría más.

Convencida, hizo caso a su marido y ambos se marcharon en silencio.

***

Al atardecer.

Una vez que los analgésicos reales hicieron efecto y Héctor se quedó dormido, Gilda salió de la habitación cerrando la puerta con sumo cuidado.

Caminó hacia su propio cuarto y, justo en la entrada, se encontró con Aldana Carrillo, que la esperaba con una sonrisa resplandeciente.

—¡Hola, Gilda! —saludó Aldana con entusiasmo.

—Hmph.

Gilda soltó un bufido frío. Metió las manos en los bolsillos y se acercó a paso lento.

—Tú...

Capítulo 1803 1

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