—Hmpf.
Lucrecia, ya habiendo recuperado la compostura, añadió más leña al fuego:
—Aldana no es más que una bastarda de padres desconocidos, una cualquiera sin familia. Que se haya atrevido a pasarte por encima significa que merece una buena lección.
Clara miraba fijamente la transmisión en vivo, sus dedos apretando lentamente el celular.
Tenía razón. Aldana sabía la verdad, que ella era la «hija de la amante», y quién sabe qué día podría revelarlo todo.
Además...
Si no se deshacía de ella, estaría bajo su control toda la vida.
Al pensar en esto, el odio en los ojos de Clara se intensificó gradualmente.
— —
—¡Leonardo Valencia!
—¡Dios mío! ¿Alguien quiere saltarse la clase para ir conmigo al Instituto Altamira de al lado a ver a Leonardo Valencia?
—¡Yo, yo, yo voy!
—Con Leonardo Valencia, ¿quién necesita ver a Arturo?
En el auditorio del Instituto de la Capital, el público se volvió un caos. Todos clamaban por ir a la escuela de al lado a ver a Leonardo.
Arturo, en el escenario, estaba atónito.
Mientras todos discutían, un nuevo estruendo llegó desde la transmisión en vivo del Instituto Altamira.
La razón era...
Leonardo, durante un intermedio, tomó el micrófono y dijo:
—A partir de este año, y durante los próximos diez, asistiré a todas las fiestas de graduación del Instituto Altamira.
Los estudiantes del Instituto de la Capital se quedaron boquiabiertos, con un zumbido en la cabeza.
Esa escuela mediocre, el Instituto Altamira, no solo había disparado su clasificación académica, sino que ahora también había conseguido a Leonardo Valencia.
Y lo más importante, Leonardo Valencia iría todos los años.
¿Acaso el director del Instituto Altamira había hecho un pacto con el diablo o algo por el estilo?
Los internautas estaban aún más atónitos y los comentarios se polarizaron.
«—No, no podemos quedarnos de brazos cruzados viendo cómo mi ídolo se arruina por culpa de Aldana».
Pronto, internet se inundó de noticias que boicoteaban la participación de Aldana en el video musical y de todo tipo de rumores sobre ella.
Alguien incluso usó una de sus fotos para hacer un montaje de un retrato de funeral.
Mientras la etiqueta [LeonardoAperturaInstitutoAltamira] se convertía en tendencia, el nombre [Aldana] también apareció por toda la red.
—Alda...
Galileo, el experto en redes, fue el primero en ver las noticias. Corrió a mostrárselas a Aldana, maldiciendo:
—¿Qué demonios dicen estos imbéciles? Hasta insinúan que tienes algo turbio con Leonardo Valencia.
¿Su Alda tenía a un novio como el señor Lucero y se iba a fijar en alguien más?
De verdad quería que esos idiotas de internet se revisaran los ojos y el cerebro.
—Ah.
Aldana deslizó el dedo por la pantalla con indiferencia. Al ver su «retrato de funeral», una leve sonrisa se dibujó en sus labios.
—Pues les quedó bastante creíble, ¿eh? La ropa negra, la flor blanca... Aunque me dejaron la cara chueca.

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