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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 373

Aldana miró a Rogelio con curiosidad, esperando que continuara.

—No es nada —dijo él, resignado, al encontrarse con la mirada clara y estrellada de la joven. Forzó una sonrisa—. Olvídalo. Aún no he logrado conquistarte del todo, así que el asunto del título oficial... tendrá que esperar.

—Descansa un poco. Iré a la cocina a prepararte una sopa —dijo Rogelio, acariciando la mejilla de la joven. Se levantó, algo abatido, dispuesto a marcharse.

Al segundo siguiente, sintió que ella le sujetaba la mano.

—¿Qué pasa? —Rogelio se detuvo, mirando con ternura a la chica frente a él.

—No es el momento adecuado —dijo Aldana en voz baja, inclinando la cabeza hacia atrás para mirarlo y moviendo sus labios rosados.

—¿Eh? —Rogelio parpadeó, sin entender.

—¿Estás seguro de que quieres que la gente sepa que el «viejo ricachón» eres tú? —Aldana retiró la mano, revelando el emblema en su ropa.

El escudo del Instituto Altamira.

Si su relación se hiciera pública, las acusaciones irían mucho más allá de llamarlo «viejo ricachón».

Ese emblema fue un golpe duro para Rogelio, y su entusiasmo se desvaneció al instante.

Ciertamente, se había precipitado.

Pero no importaba. Faltaba menos de un mes para los exámenes. Podía esperar treinta días, incluso treinta años si era necesario.

***

Lunes.

En cuanto Aldana entró en el instituto, se convirtió en el centro de todas las miradas. La hermana de una estrella de cine estaba en su misma escuela. Vaya, el Instituto Altamira por fin estaba destacando.

—Alda, aquí están los resultados del examen semanal —dijo Tania en cuanto Aldana se sentó, entregándole un grueso fajo de hojas—. Son cinco clases, un total de 230 estudiantes. La lista de los que mejoraron sus calificaciones está aquí... Calculé a grandes rasgos que necesitaremos mil fotos autografiadas de Leonardo Valencia.

—¡Pff! —Aldana, que estaba bebiendo agua, casi se ahoga—. ¿No era difícil el examen semanal?

Les había dicho que podían canjear sus buenas notas por autógrafos, pero nunca imaginó que tantos mejorarían.

—¡Sí, lo era! —asintió Tania enérgicamente—. Pero por conseguir un autógrafo de Leonardo Valencia, los compañeros se han matado estudiando día y noche. Los resultados de este examen semanal fueron excelentes. —Los profesores de todas las asignaturas tenían una sonrisa que casi les llegaba a las orejas.

Aldana se tocó la nariz, sintiéndose un poco culpable. Mil autógrafos. Leonardo no se arrepentiría de haberla reconocido como su hermana, ¿verdad?

Leonardo: [¿Cuántos?]

Sintió una vaga inquietud.

Aldi: [No muchos, solo 1000.]

Leonardo: [¿Qué dijiste antes?]

Aldi: [¿Que si estabas contento, hermano?]

Leonardo: [¡¡¡No me digas!!!]

Pequeña ingrata. Sabía que tanta amabilidad repentina escondía algo. Y no se equivocaba.

Mil autógrafos, así como si nada. Todo para complacer a sus compañeros, sin importarle si él vivía o moría. Qué buena hermana.

—Jajaja, madre mía. —El agente se burló, de buen humor preguntó—. Entonces, ¿esta foto firmada es para tu querida hermana?”

—¿Qué crees tú?— Leonardo se frotó el entrecejo, acababa de regresar del extranjero y estaba muy cansado—. Que la gente traiga la foto, entonces.

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