—Mil autógrafos, ¿estás Seguro, Leo? —preguntó el mánager, sorprendido.
—Aparte de consentirla, ¿qué otra cosa puedo hacer? —Leonardo negó con la cabeza, una sonrisa cariñosa dibujándose en sus labios—. Es mi hermana, que ha sufrido mucho durante años. No solo le daría autógrafos; si me pidiera la vida, también se la daría.
—Y hay algo más... —El asistente hizo una pausa antes de abordar el asunto importante—. Ya encontramos a las personas que difundieron los rumores. Una de ellas es la señorita de la familia Palma, Clara. A los demás se les demandará según la ley, pero en cuanto a la señorita Palma...
Leonardo lo pensó un momento y ordenó en voz baja: —No hagas nada por ahora. Deja que Aldi se encargue de ella.
Si Aldi se encargaba, no solo ajustaría cuentas con Clara, sino con toda la familia Palma.
***
Al atardecer, mientras Aldana jugaba videojuegos, recibió una notificación. El remitente era: «Viejo Pelón».
El «Viejo Pelón» era el presidente de la Asociación Médica de Nuboria, un hombre de ochenta años. A pesar de estar completamente calvo, seguía dedicado a su puesto.
Hace tres años, la Asociación Médica de Nuboria sufrió un duro golpe al ser boicoteada por las asociaciones médicas de otros países. Por una casualidad del destino, conoció a una joven prodigio de poco más de diez años. Con su ayuda, en apenas seis meses, la asociación desarrolló varios medicamentos clave, impulsó la publicación de artículos médicos y completó innumerables cirugías de alta complejidad... La Asociación Médica de Nuboria volvió a ganar visibilidad y se hizo un lugar importante en el panorama internacional.
Viejo Pelón: [Tesoro, ¿tienes tiempo últimamente?]
Aldana: [No.]
No le guardaba un buen recuerdo a ese viejo. En su momento, se compadeció de él al verlo llorando junto a un contenedor de basura, humillado por las asociaciones extranjeras. Por eso, amablemente, decidió ayudarlo. Pero el Viejo Pelón se aprovechó, exprimiéndola sin piedad. La puso a investigar medicamentos, a escribir artículos e incluso a entrenar a sus subordinados. Y lo más importante de todo: el Viejo Pelón era un tacaño de primera. Todo el dinero lo invertía en investigación, lo que la dejaba pasando hambre en cada comida. ¡Pasando-hambre! ¿Acaso no sabía el daño que eso le hacía a una joven en pleno crecimiento?
Viejo Pelón: [De verdad, de verdad. Por favor, tesoro, ayúdame. Si no, no podré morir en paz y vendré a buscarte todas las noches, cof, cof, cof...]
Su tono dejaba claro que si ella se negaba, estaba dispuesto a morirse en su teléfono.
Aldana se frotó la frente: [¿Quién es?]
Viejo Pelón: [¡Excelente, excelente! Espera un momento, tesoro, le diré que te agregue.]
Unos segundos después, recibió una solicitud de amistad: Félix.

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector