Entrar Via

Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 375

¿Félix? ¿El mismo tipo que le había quitado su hierba, que la miraba de forma extraña y que había intentado hablar con ella? ¿Él? Con esa pinta de no ser muy listo, ¿iba a ser el sucesor de la Asociación Médica de Nuboria?

Aldana frunció el ceño. Mientras reflexionaba, una voz masculina, grave y magnética, sonó detrás de ella: —¿En qué piensas?

Al decirlo, su mirada se posó en el teléfono. Una solicitud de amistad... ¿De un tal Félix?

A él le había costado un gran esfuerzo conseguir ser un contacto privilegiado de Aldi, llevándola y recogiéndola de la escuela, comprándole comida... ¿Y este tipo, por qué sí? Además, ¿cómo había conseguido su número?

—Aldi... —la sonrisa de Rogelio se desvaneció al instante, y una densa nube de pesadumbre lo envolvió. Con la garganta seca, preguntó—: ¿Para qué te agregó?

—¿Eh? —Aldana levantó la cabeza y se encontró con la mirada resentida del hombre.

—No me da buena espina —dijo Rogelio, frunciendo el ceño con una voz cargada de pesar—. Seguro que tiene malas intenciones. Es un oportunista. Aldi, bórralo.

Últimamente, pasaba sus días descubriendo rivales o en camino a hacerlo. ¿Por qué su pequeña era tan codiciada? Quería esconderla en casa, lejos de la vista de todos. Realmente lo deseaba.

—¿Estás celoso? —preguntó Aldana, parpadeando y moviendo sus labios rojos con curiosidad.

—¿Apenas te das cuenta? —Rogelio le dio un suave golpecito en la frente con la yema del dedo, entre molesto y resignado—. He apostado toda mi fortuna en esto. ¿No es normal que tema que me abandonen?

¿Toda su fortuna? Cierto, era mucho dinero. Eso le recordó algo a Aldana.

—No te preocupes por eso. Aunque tuviera malas intenciones, no serviría de nada. Hay una jerarquía que nos separa —dijo la joven, arqueando las cejas con una sonrisa traviesa—. Si hacemos cuentas, tendría que llamarme... Maestra Carrillo.

—¿Llamarte qué? —preguntó Rogelio, perplejo, mientras la veía aceptar la solicitud de amistad de Félix.

—Todavía no —respondió Aldana, tomando su teléfono y tecleando rápidamente.

Aldana: [Puedo entrenarlo, pero tengo dos condiciones.]

Viejo Pelón: [Mi reina, usted dirá.]

Esa reina no ayudaba a cualquiera. Que le pusiera condiciones era una bendición de tres vidas. Aceptaría lo que fuera.

Aldana: [Primero, quiero poner a prueba las habilidades de Félix. No entreno a tontos.]

Viejo Pelón: [¡Garantizado! Usted solo entrénelo, mi reina. Lo dejará sin palabras. Puede pegarle, regañarlo, mientras lo deje con vida para la competencia, todo vale.]

Historial de lectura

No history.

Comentarios

Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector