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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 398

Descartó una por una. Finalmente, su mirada se posó en un nombre extremadamente familiar.

Familia Hidalgo.

El padre de Félix era, precisamente, el filántropo más famoso del Continente del Sur.

Al ver ese nombre, Aldana no pudo evitar recordar la reacción de Félix la primera vez que la vio.

Él había dicho después que le resultaba familiar.

Así que...

Ahora era muy probable que la persona en la tumba fuera o el hijo biológico de la familia Hidalgo, o... su segundo hermano.

El método más rápido para confirmarlo era una prueba de ADN.

O... Podría arrancarle la ropa a Félix y ver si tenía una cicatriz cerca del corazón.

La idea de que Félix pudiera ser su segundo hermano...

Aldana cerró la computadora y apoyó la barbilla en sus manos, con una expresión bastante complicada.

Escucharlo llamarla “maestra Carrillo” todo el día...

Para que al final... Ella tuviera que llamarlo hermano.

Qué incómodo.

Mientras estaba absorta en sus pensamientos, la puerta se abrió de repente y Rogelio entró.

—Eva dijo que subiste corriendo en cuanto llegaste. —Había notado que ella no estaba bien en los últimos días. Sospechando que podría haber descubierto la posible muerte de su hermano, la trataba con mucho cuidado—. ¿Qué pasa?

—Nada —Aldana se reclinó, una leve sonrisa apareciendo en sus labios—. Solo estaba revisando algo. ¿Qué traes ahí?

—Tartaletas de huevo.

Rogelio abrió la caja, observando atentamente su expresión.

Sonreía y su tono era relajado. Parecía estar de mejor humor que antes.

—Quiero una. —Aldana abrió la caja, tomó una y le dio un mordisco.

Sabor a queso y yema. Delicioso.

—¿Quieres? —Aldana le ofreció la tartaleta mordida a Rogelio—. Prueba, está buena.

—Claro. —Rogelio suspiró aliviado y aceptó un pequeño bocado.

Temiendo que pudiera perder el equilibrio y caerse, Rogelio levantó las manos y rodeó suavemente la cintura de Aldana. Su voz sonaba ronca: —¿Sabes que no puedes sentarte así delante de tus dos hermanos, verdad?

—¿Eh? —Aldana bajó la mirada, su rostro hermoso y delicado teñido de confusión.

—Habría problemas —dijo Rogelio, tomando una servilleta para limpiar las migas de la comisura de sus labios, con una sonrisa resignada—. Probablemente tus dos hermanos me darían una paliza doble.

—¿Y tú te defenderías? —le sugirió Aldana.

—No puedo —Rogelio curvó los labios, acercando su apuesto rostro al de la chica. Dijo con voz ronca—: No se puede ofender a los futuros cuñados.

Aldana dejó de masticar y miró fijamente a Rogelio.

Unos segundos después.

—Ah.

Y siguió comiendo.

Por lo que parecía... No sería una paliza doble.

Sería triple.

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