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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 40

Mientras todos dudaban y especulaban, el sonido de un piano llenó el auditorio. Inmediatamente después, Elena comenzó a mover sus brazos, danzando con gracia.

Tras el piano, Aldana colocó el violonchelo junto a su pierna; con la mano izquierda tocaba el piano y con la derecha el violonchelo. La melodiosa música resonó por todo el lugar. Elena se sumergió rápidamente en la música, y todo el escenario cobró vida.

Luego, el piano, el violonchelo y la batería sonaron al unísono, sonando indistinguible de la grabación original de «Aurora». De hecho, la versión en vivo tenía un efecto aún más potente e impactante.

Finalmente, cuando Aldana cambió de sección y comenzó a tocar la batería, el público estalló. Algunos enardecidos, otros completamente anonadados.

—¿¡Qué diablos!?

—¿¡Pero qué…!?

—¿¡¿¡QUÉEEE!?!?

—¡No, en serio! ¿Está tocando todos los instrumentos ella sola?

—¡Oye, amigo, el que apostó su cabeza debe estar sudando frío ahora mismo!

—¡Dios mío, me explotó la cabeza!

—¡Guau, Alda, Elena, vaya…!

Todos los estudiantes del Instituto Altamira se pusieron de pie, tan emocionados que Andrea tuvo que pedirles que se sentaran de nuevo. La respiración de Andrea se agitó, y sus ojos se enrojecieron de la emoción.

¡Qué dos chicas tan extraordinarias!

—¿Cómo es posible? —En la distancia, Lucrecia estaba sentada como una marioneta, con una expresión de total incredulidad. Aldana, desde que era niña, no era buena para nada, excepto para comer. ¿Cómo podía saber tocar instrumentos? ¡Y tantos!

Los ojos de Lucrecia se llenaron de malicia. Seguramente, ¡ese viejo se lo había enseñado a escondidas!

Si Aldana la hacía perder la competencia… ¡No se lo perdonaría!

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Con una orquesta y una danza sublime, el ambiente estaba electrizante. Todas las miradas estaban fijas en las dos jovencitas en el escenario. La gente ya había comenzado a discutir con entusiasmo que la presentación del Instituto Altamira era mejor que la del Instituto de la Capital. Se especulaba que el primer lugar de este año sería, sin duda, para el Instituto Altamira.

—¿Ambas estudiantes son del Instituto Altamira? —Los jueces en su mesa también comenzaron a discutir, con sonrisas visiblemente más radiantes que durante las presentaciones anteriores.

—¿Cómo es que nunca había oído hablar de esta escuela? ¡Sus estudiantes son tan talentosos!

En el instante en que las luces se atenuaron, Aldana se puso su uniforme y se escabulló silenciosamente del escenario.

Elena esperaba en el escenario las calificaciones.

—¿Quién era la que tocaba? ¡Qué increíble!

—¿El Instituto Altamira está imparable este año? ¡Qué estudiantes tan talentosos!

—¡Te apuesto lo que quieras a que el primer lugar de hoy es para el Instituto Altamira!

—¿No se suponía que el Instituto de la Capital había anunciado que Lucrecia saldría en la portada de las noticias? ¡Vaya bofetada!

—¿El Instituto de la Capital? —alguien se burló—. Siempre tienen que ser los primeros en todo. ¡Esta vez por fin les dieron una lección!

—Las calificaciones aún no han salido —replicó alguien del Instituto de la Capital, acostumbrado a su arrogancia y soberbia.

Justo cuando terminó de hablar, la voz del presentador resonó: —¡Ya tenemos las calificaciones!

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