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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 41

—¡Ya tenemos las calificaciones!

Sentada en un rincón, pálida y abatida, el corazón de Lucrecia dio un vuelco.

Todos en la escuela daban por sentado que ella ganaría un premio en un evento tan modesto como este.

Diez minutos antes, le había dicho a su familia, llena de confianza, que saldría en las noticias.

Su madre, eufórica, se había dedicado a presumir por todas partes.

Para este momento, la noticia de su supuesta victoria ya debía haberse esparcido por todo el círculo de la alta sociedad.

Si no ganaba...

Un escalofrío recorrió a Lucrecia. No se atrevía a imaginar las burlas que tendría que soportar de sus compañeros y, sobre todo, de las herederas que ya la menospreciaban.

—Elena, del Instituto Altamira, por la danza "Aurora". Puntuación total: 96.

Al oír el anuncio, los estudiantes del Instituto Altamira estallaron en vítores. Elena, abrumada por la emoción, se cubrió la boca con las manos mientras las lágrimas inundaban sus ojos. Perfecto, por fin, no había defraudado al Instituto Altamira.

No le importaba el premio en efectivo, ni salir en las noticias. Lo importante era que finalmente les había callado la boca a todos los que menospreciaban al Instituto Altamira.

Mientras tanto, al otro lado...

Lucrecia sintió un frío glacial recorrer su cuerpo y un zumbido ensordecedor en sus oídos.

Se acabó. ¡Cuatro puntos por debajo de Elena!

Ella, la campeona de un importante concurso de danza, había perdido contra alguien del calibre de Elena. Era inaceptable.

—Oye, ¿cómo es que perdimos?

La gente del Instituto de la Capital parecía un manojo de flores marchitas. Uno por uno, comenzaron a quejarse, insatisfechos.

—¿No se supone que cada año ganamos el primer lugar? ¿Qué clase de sorpresa es esta?

—¿Y Lucrecia no es la campeona de danza? ¿Cómo pudo perder en un simple festival?

—Exacto, y encima contra el Instituto Altamira. ¿Te imaginas lo arrogantes que se van a poner sus estudiantes ahora?

—¡Qué vergüenza!

Incapaz de soportar las miradas burlonas y curiosas de los demás, Lucrecia se levantó bruscamente y, con los ojos enrojecidos, se dirigió hacia la salida.

Al pasar junto a Elena, su mirada se endureció.

Si no fuera por esa bastarda de Aldana, la que estaría en las noticias, la que sería el centro de atención, sería ella.

¿Salir en las noticias? Lucrecia fulminó a Elena con la mirada, y una sonrisa escalofriante se dibujó en sus labios.

Lo que ella no podía tener, nadie más lo tendría.

Aunque el baile de Elena fue excelente, el acompañamiento musical de esta chica fue el factor decisivo.

Era demasiado talentosa.

—No me interesa.

Aldana sacó las manos de los bolsillos y, con una postura formal, la rechazó sin rodeos.

—¿Por qué?

La jueza se sorprendió un poco.

Era una entrevista para la televisión. ¿Cuánta gente la vería una vez que se transmitiera la noticia?

Era una oportunidad de oro para hacerse famosa, y ella simplemente no la quería.

—Simplemente no quiero.

Aldana levantó su hermoso rostro. Sus ojos eran claros y límpidos. Aunque hablaba con educación, emanaba un aura de frialdad que mantenía a la gente a distancia.

Una belleza con carácter, a la jueza le agradó.

—Bueno, está bien —dijo la jueza con una sonrisa resignada. Sentía una extraña familiaridad con la chica, como si la hubiera visto en alguna parte—. ¿Y te interesaría entrar al mundo del espectáculo?

—Tengo un amigo famoso que está por grabar un video musical y necesita una protagonista. Se llama...

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