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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 5

—Se lo prometí a mi abuelo.

Aldana frunció los labios y su mirada se ensombreció.

El último deseo de su abuelo antes de morir: que fuera a la universidad y encontrara a su familia.

Él decía: «Ir a la universidad te abrirá la mente y aprenderás a cuidarte. Si encuentras a tu familia, habrá más gente que quiera a nuestra pequeña Aldana».

—Está bien.

Al mencionar a Joaquín, Sombra no se atrevió a bromear más y fue al grano.

—Tengo noticias sobre el brazalete que me pediste que buscara. Te enviaré la información a tu correo.

—De acuerdo.

Aldana echó un vistazo rápido y, justo antes de colgar, añadió:

—Necesito que hagas otra cosa por mí.

—Claro, lo que ordenes.

Sombra agitó su copa de vino, con un tono consentidor en la voz.

—Compra un edificio en el centro y cámbialo por un terreno en el norte de la Alameda. Nos mudaremos allí en un tiempo.

—Uy, ¿qué estás diciendo?

Al oír las palabras de Aldana, Sombra casi se ahoga con el vino tinto.

¿Usar una propiedad en el centro de la ciudad, valorada en más de mil millones, para cambiarla por un terreno en la Alameda, un lugar que hasta los perros despreciarían?

—Uf, uf, uf...

Sombra respiró hondo, tratando de calmarse.

—Dejando a un lado lo del edificio, ¿para qué diablos quieres un terreno en La Alameda?

Aldana limpió la foto de su abuelo y respondió sin pensarlo:

—Para plantar cilantro. Me gusta el cilantro.

Sombra se quedó con la boca abierta, una mezcla de expresiones desfilando por su hermoso rostro.

¿Gastar cientos de millones en un terreno para... plantar algo tan abominable como el cilantro?

¡Perfecto! ¡Así es como se divierten los ricos, ¿no?!

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Seis de la mañana.

—Aldana, ¿en qué escuela estudias? —le preguntó Serena con ternura mientras le pelaba un huevo—. Después de desayunar, te llevo.

—No estoy yendo a clases.

Aldana removía su avena y respondió con calma:

—Dejé la escuela hace más de un año.

De pequeña, Justino y su esposa no la soportaban. Siempre que su abuelo estaba de retiro en el monasterio, la maltrataban de forma abierta o encubierta.

Cuando su abuelo se enteró, la llevó con él al monasterio. Además de asistir a la escuela cercana, la hizo entrenar con un maestro para fortalecerse.

La situación económica de Inés no era buena, pero era muy aplicada. Por méritos propios, había entrado en la mejor escuela de la capital, el Instituto de la Capital.

—Tía, en realidad...

Mirando a la bondadosa madre e hija, Aldana no quería causarles más problemas y dijo en voz baja:

—No hace falta buscar una escuela. El examen de admisión no será un problema, puedo estudiar por mi cuenta.

¿Qué? ¿Estudiar por su cuenta para la universidad?

Madre e hija se miraron, estupefactas.

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Después del desayuno, Serena y su hija se fueron al trabajo y a la escuela, respectivamente.

Aldana se puso una sudadera negra, una gorra de béisbol y un cubrebocas, se ajustó los auriculares y salió.

—¿Segura que no quieres que te acompañe?

Sombra se estaba divirtiendo en un casino. Su elegante gesto de lanzar fichas al aire provocaba gritos de emoción entre las chicas de alrededor.

—¿Te preocupa que me pase algo o qué?

Aldana llegó en una bicicleta compartida a un garaje y, entre una multitud de coches de lujo, encontró una pequeña motoneta eléctrica aparcada en un rincón.

—¡Claro que sí! ¡Tu vida vale una fortuna, jefa!

Sombra tomó un sorbo de vino tinto y bajó la voz deliberadamente.

—He oído que últimamente la gente de la Alianza del Cracker del Continente del Norte te está buscando. Si te pasara algo, ¡los viejos de la base se volverían locos!

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