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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 525

—Habla —dijo Damasco, esperando que Aldana admitiera su error.

—Instructor, ¿usted cree que mi postura militar no es la correcta, verdad?

Aldana levantó la cabeza y su mirada se posó fríamente en el rostro del instructor mientras su voz clara y gélida resonaba.

—Correcto.

Damasco lo admitió sin dudar.

—De acuerdo. —Aldana curvó los labios y entrecerró los ojos, diciendo sin prisa—: Ya que lo estoy haciendo mal, ¿por qué no me da un ejemplo, instructor?

El instructor no sabía qué se traía Aldana entre manos, pero al ver las miradas curiosas de los estudiantes, decidió hacerlo.

—¡Ja!

Al ver los movimientos del instructor, Aldana soltó una risa fría.

—¿De qué te ríes? —preguntó Damasco con el ceño fruncido, molesto.

—Me río de ti, por supuesto. —Aldana abrió los ojos y su voz fría resonó de nuevo—: En la postura militar correcta, las puntas de los pies deben estar separadas unos sesenta grados. ¿Las tuyas llegan a sesenta?

Damasco se miró los pies y los demás estudiantes también dirigieron su atención hacia ellos.

Parecía que no llegaban a los sesenta grados.

—Al ponerse firme, la punta del pie izquierdo se extiende hacia adelante, aproximadamente dos tercios de la longitud total del pie. Mírate, ¿a eso le llamas dos tercios?

»Las piernas deben estar rectas, el torso erguido y el centro de gravedad del cuerpo debe recaer sobre el pie derecho...

Mientras hablaba, Aldana le mostraba a Damasco cada movimiento, ejecutando cada postura con una precisión de manual.

En cambio, Damasco...

Por la falta de entrenamiento y una vida de excesos, había olvidado por completo los movimientos.

Comparado con los de Aldana, incluso los estudiantes que acababan de aprender la postura militar podían notar la diferencia.

—¿Que mi postura no es correcta?

Aldana enarcó las cejas con indiferencia y dijo con frialdad: —¿Qué tal si llamamos a su instructor en jefe para ver quién de los dos no tiene la postura correcta?

Damasco no esperaba que Aldana supiera tanto. Intentó rebatir, pero estaba equivocado y no encontraba qué decir para criticarla.

Además, los movimientos de ella eran realmente impecables. Si venía el instructor en jefe, él saldría perdiendo.

—¡Yo lo llamo!

Un chico de la carrera de Informática empezó a animar a los demás.

Damasco apretó los puños, su rostro era un poema. Estaba entre la espada y la pared.

Damasco tenía el rostro sombrío, la ira en su cara crecía y su mirada era tan afilada que casi podía matar.

Apenas era el primer día.

No creía que ella pudiera tener la suerte de evitar el castigo siempre.

«Aldana, ¿eh?».

«Ya verás».

***

Por la noche.

La noticia de que Aldana se había enfrentado al instructor se extendió por toda la facultad.

El grupo de chat de los nuevos de Informática explotó.

—¡Ese Damasco es un imbécil, con esa cara de funeral, ¿a quién quiere impresionar?!

Alguien comenzó a insultarlo de forma «anónima».

—¡Totalmente de acuerdo! ¡Maldita sea, odio a la gente que se las da de importante!

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