En los siguientes mensajes, los estudiantes fueron muy prudentes y mantuvieron el anonimato.
—¿No será pariente de Lucrecia, la de Comunicación y Locución? La trata demasiado bien.
—Su postura militar es un desastre, peor que la de nuestra Aldana. ¿Y a ese lo ponen de instructor? ¡Sugiero que las autoridades de la universidad investiguen a fondo!
—Pero tengo curiosidad, la postura de Aldana es tan perfecta, ¿habrá practicado antes?
Finalmente, alguien se centró en lo importante y los demás estudiantes expresaron su sorpresa.
Aldana, con su piel delicada y sus brazos y piernas delgados, parecía frágil.
Pero su postura militar era realmente impresionante.
—@Aldana.
Aldana abrió el chat y vio cientos de mensajes en el grupo de la clase, y mucha gente la había mencionado.
Se secó el pelo despreocupadamente y cogió el teléfono para responder:
[Aldana: Lo aprendí de pequeña, cuando me castigaban poniéndome de pie.]
«¿Castigada de pie?».
Al leer esas palabras, la gente del grupo se partió de risa.
Habían imaginado muchas posibilidades, pero nunca se les habría ocurrido esa.
Y era verdad.
De niña, su maestro le enseñaba artes marciales cada mañana al amanecer.
Como le parecía demasiado agotador y siempre intentaba holgazanear, el maestro la castigaba obligándola a mantener la postura militar.
—Aldana, eres adorable.
Jacinta y sus otras dos compañeras de cuarto miraban el historial de chat, riendo a carcajadas. —La cara de Damasco debía de ser un poema.
—Sí —dijo Iris, pero su risa se convirtió en preocupación—. Te has metido con él varias veces, y todavía quedan catorce días. Seguro que te lo hará pasar mal.
—¿Catorce días?
Aldana tiró la toalla en la silla y una sonrisa tranquila se dibujó en sus labios, con un aire de superioridad. —Primero veamos si consigue quedarse.
—¿Eh?
Las tres la miraron confundidas, sin entender a qué se refería.
Acaso...
¿Damasco iba a ser despedido?
***
En la profundidad de la noche.
Aldana daba vueltas en la cama, sin poder dormir.
De repente, se le ocurrió una idea.
«Ah».
«Qué sueño más raro».
Tras aterrizar.
Aldana se dirigió al estacionamiento y encontró sin problemas el coche de Rogelio.
—Aldi, aquí.
Al verla aparecer, Rogelio bajó inmediatamente del coche y la saludó con un gesto amable.
En el instante en que vio a Rogelio, la chica, que antes estaba completamente despierta, sintió una oleada de sueño y aceleró el paso.
—¿Tienes frío? —Rogelio le acarició el pelo y la abrazó, sintiéndose mucho más tranquilo.
—No mucho.
Al subir al coche, Aldana se acurrucó en los brazos del hombre y cerró los ojos, satisfecha. —Tengo mucho sueño.
—¿De verdad me usas como almohada para dormir?
Rogelio sonrió con resignación al ver a la joven acurrucada en sus brazos.
Aldana abrió los ojos y lo miró fijamente, con una expresión profunda.
Rogelio se quedó mudo un instante, pero respondió de inmediato: —Está bien.

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