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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 567

—¡Con razón no se deja ver en público, si esa cara es un arma mortal!

—Je, je, je... Se rumorea que él y Leonardo Valencia son amigos muy cercanos. Adivinen, ¿quién de los dos es el activo?

—¡Qué dices! ¡Si el señor Lucero ya tiene prometida!

—¿Prometida? —esta noticia desató una discusión aún más acalorada entre los estudiantes.

—¿Y con prometida y todo, esa Lucrecia de la clase de al lado se atreve a insinuársele? ¡Qué descarada!

—Los del curso de locución dicen que el señor Lucero le sonrió. ¿Será que piensa tenerla de amante?

—Por favor, ¡los ricos también son exigentes! Lucrecia, ¿qué méritos tiene?

—Si yo fuera el señor Lucero... —murmuró un chico, y tras buscar con la mirada, finalmente encontró a Aldana y su expresión se tornó tímida—, sin duda elegiría a Aldana.

Aldana tenía belleza, tenía inteligencia...

No había que pensarlo mucho.

Ambos, viéndolos así, hacían buena pareja.

—¡Bah! —le espetó sin piedad su amigo de al lado—. Mírate en un espejo, ¿en qué te basas para ponerte a elegir?

El chico se quedó mudo.

Aldana frunció ligeramente el ceño, sin poder entenderlo.

«¿Por qué un viejo como él es tan popular?».

—La Universidad de la Capital es mi alma mater, siempre le he tenido un profundo afecto y espero que siga creciendo y mejorando. Gracias.

Tras unas breves palabras, Rogelio volvió a su asiento.

A continuación.

El presentador subió al escenario y dijo con una amplia sonrisa:

—Ahora, demos la bienvenida a la estudiante con la calificación perfecta de este año, Aldana Carrillo, como representante de los nuevos estudiantes.

—Plas, plas, plas...

Apenas el presentador terminó de hablar, un sonoro aplauso resonó desde la mesa de los invitados.

Los presentes se quedaron perplejos.

Las autoridades se giraron al unísono y descubrieron que quien había iniciado los aplausos era el mismísimo Rogelio Lucero.

Sobresaltados, los directivos se apresuraron a seguirle el ritmo.

Y sus aplausos no podían ser menos entusiastas que los del pez gordo.

La gente en la audiencia no entendía nada.

El rector aplaudía hasta que las manos se le pusieron rojas.

«Vaya».

Capítulo 567 1

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