Hubo un largo silencio. Finalmente, Aldana se lamió los labios y dijo con voz ronca:
—Perdón, estaba soñando.
—No pasa nada.
Los compañeros fueron comprensivos y, tras unas risas, volvieron a su debate sobre la competencia.
—El Equipo Inmortal se llama así porque, cuando Demon estaba, nunca perdieron un partido.
Ganaron todos los campeonatos, tanto nacionales como internacionales.
—Desde que Demon se fue, el historial del Equipo Inmortal es para llorar.
En dos años y decenas de partidos, solo han ganado un par de campeonatos; el resto han sido segundos y terceros lugares. Y las pocas veces que ganaron fue porque los equipos fuertes no participaron, así que esas victorias no valían mucho.
—Se la pasan diciendo que van a mejorar, ¿y cada vez lo hacen peor? —se quejaron los chicos, furiosos y sin pelos en la lengua—. El fin de semana son los cuartos de final contra un equipo fuerte. Solo con ver la alineación, ya me preocupo por ellos.
—He oído que un jugador del Equipo Inmortal está lesionado, ¿así cómo van a jugar?
Si no ganaban, se quedarían en cuartos de final, sin siquiera alcanzar el tercer puesto. Los fans más leales del Equipo Inmortal podían aceptar que quedaran segundos o terceros, pero no podían tolerar que ni siquiera llegaran a la final. Este era el Equipo Inmortal que Demon había fundado… ¡Si no llegaban a la final, estarían destrozando por completo el legado de Demon! Y este era, supuestamente, el equipo de esports más fuerte del país. Si ellos no podían, los demás menos.
De repente, el futuro de los esports en Nuboria se veía muy oscuro.
—El equipo número uno del ranking, caído en desgracia en solo dos años…
—Aldana, ¿a ti también te gusta el Equipo Inmortal? —Jacinta se acercó a ella y, al ver que estaba mirando información sobre el equipo, preguntó con curiosidad.
Aunque ella no jugaba, hacía unos años Demon era tan famoso que hasta una novata como ella lo conocía. El récord de Demon seguía en lo más alto de la tabla de clasificación. Dos años después, nadie lo había superado.
—¿Mmm? —Aldana deslizó el dedo por el ratón, con una sensación algo compleja, y esbozó una leve sonrisa—. Se podría decir que me gusta bastante.
—Los cuartos de final son el fin de semana, pero es una pena que ya no haya entradas. —dijo Jacinta con desilusión—. Si no, podrías ir a ver. Corre el rumor de que Demon podría aparecer para salvar la situación.
No llegar a la final significaba que, por primera vez, la bandera de Nuboria no se izaría en el estadio. Sería un golpe durísimo tanto para el equipo como para los fans.
«¿Participar?», pensó Aldana, frunciendo el ceño. «¿Y a mí, la interesada, quién me avisó?»

Comentarios
Los comentarios de los lectores sobre la novela: Más que una niña: La rebelde y su protector