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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 625

Wilfredo la siguió con la mochila, sin poder superar lo del «trato formal».

Y, en efecto.

Justo cuando estaba melancólico, Inés Palma se acercó a él, le hizo una reverencia de noventa grados y dijo con sumo respeto:

—Buenos días, Wilfredo.

—Pff…

Era la primera vez que Aldana veía la «educación» de Inés, y no pudo aguantarse, soltando una carcajada.

Wilfredo se quedó mudo.

Su rostro se ensombreció aún más.

Universidad de la Capital.

Inés bajó primero del coche, seguida por Aldana.

—Llévales algo a tus compañeras de cuarto. —Wilfredo sabía que las compañeras cuidaban bien de su hermana, así que al comprar los bocadillos, había comprado tres porciones extra.

—Claro.

Aldana tomó la bolsa llena de bocadillos importados y enarcó las cejas.

—Gracias.

—De nada.

Wilfredo, de pie junto a la puerta del coche, no pudo evitar arreglarle el pelo ligeramente despeinado a su hermana.

—En el futuro, si se te antoja algo, dímelo y te lo compraré.

—Bueno.

Una sensación cálida recorrió su cuerpo. Aldana esbozó una leve sonrisa y dijo en voz baja:

—Pregúntale también a Gilda, cómprale algo a ella también.

Gilda estaba en el campo de entrenamiento, seguro que no tenía tiempo para esas cosas.

—¿Gilda?

Al oír el nombre de Gilda, a Wilfredo se le erizó el vello de la nuca, su ímpetu se desvaneció al instante y dijo con timidez:

—¿Por qué no le preguntas tú?

La mirada feroz de Gilda lo intimidaba, un solo vistazo y las piernas le temblaban.

—Tsk.

Aldana se quedó en silencio por dos segundos y luego movió sus labios rojos.

—Yo le preguntaré a Gilda.

Tras la conversación.

Aldana tomó sus cosas y se despidió de Wilfredo con la mano.

Ninguno de los dos se dio cuenta.

En un rincón no muy lejano, Lucrecia estaba tomando fotos a escondidas con su teléfono.

La conversación entre ellos y la imagen de Wilfredo acariciando tiernamente a Aldana quedaron grabadas.

«Ja».

«Finalmente he atrapado al verdadero novio de Aldana».

«Hay que admitirlo».

—El primer lugar será para Boris, sin duda. En cuanto al segundo… será quien sea más cercano a él.

—¡Pff! —Al oír esto, los estudiantes intercambiaron miradas; todos sabían perfectamente de qué iba el asunto.

—Es una pena que Plácido no se inscribiera, con su nivel, merecía ganar el primer puesto.

—Olvídalo —intervino otro estudiante—. Aunque Plácido participara, no ganaría ningún premio, ¿me creen o no?

Los demás se quedaron sin palabras.

Se quedaron en silencio, conscientes del tejemaneje que había detrás.

—No te creo.

Aldana, de pie en la puerta, se unió de repente a la discusión y dijo sin prisas:

—Yo creo que Plácido no solo puede ganar un premio, sino que puede ganar el primer lugar.

Todos se quedaron perplejos.

Se giraron al unísono para mirarla.

«¿Plácido en primer lugar?».

«¡Pero si ni siquiera participó!».

«¿Qué tonterías está diciendo Aldana?».

Justo cuando todos estaban confundidos, un estudiante gritó:

—¡Ya salieron los resultados!

Todos se quedaron mudos.

Los estudiantes se agolparon para ver y, al ver los resultados, abrieron los ojos como platos.

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