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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 629

***

En el laboratorio.

Justo cuando Aldana llegaba a la puerta, escuchó una discusión.

—Vaya, Plácido, así que te gusta jugar sucio.

Boris estaba de pie frente a Plácido, con una actitud intimidante y una pose de víctima.

—Dices públicamente que no vas a participar, ¿y luego te inscribes a escondidas?

—Y además...

Boris, con el rostro pálido de ira, continuó con voz temblorosa:

—Lo de la denuncia, también fuiste tú, ¿verdad?

—¿Qué tonterías dices?

Plácido, que ya estaba harto de los abusos de ese viejo y además se había enterado de que había molestado a su «protegida», se levantó de un salto.

—Me inscribo si quiero y si no, no. ¿A ti qué te importa?

—Y en cuanto a la denuncia...

Plácido golpeó la mesa con fuerza.

—Para que sepas, eso no tuvo nada que ver conmigo.

—Pero, si no hubieran hecho nada ilegal, ¿qué importaba una denuncia? Si la denuncia procedió, es porque eran culpables.

—Tsk, más bien deberíamos agradecerle a quien los denunció por librarnos de esa plaga.

—Tú...

Boris señaló a Plácido, tartamudeando, incapaz de formar una frase completa.

—Por cierto —añadió Plácido—. He oído que la competencia internacional tiene evaluación anónima.

Boris se quedó callado.

—Me alegra mucho poder competir contigo en el escenario internacional. —Plácido tomó un paquete de fideos crujientes, lo abrió y empezó a masticar ruidosamente—. Boris, supongo que tú también estás muy contento, ¿verdad?

¿Contento?

La cara de Boris era la viva imagen de la amargura.

—¿Contento?

Boris forzó una sonrisa despectiva.

—No estarás pensando en ganar para quitarme el puesto de director del departamento de computación, ¿o sí?

—Pero...

Boris hizo una pausa y continuó:

—Nadie de Nuboria ha ganado nunca un premio en la competencia internacional. Plácido, será mejor que no te hagas muchas ilusiones.

—Mi puesto no es para cualquiera que lo desee.

Plácido no supo qué decir.

Continuó comiendo sus snacks, sin molestarse en responder a sus palabras.

—He oído que el premio de esta competencia es muy alto.

—Aunque sea alto, no sirve de nada. Mi esposa se quedaría con todo —dijo Plácido con una risa amarga.

—Y además...

Aldana parpadeó y añadió:

—Si usted gana y se convierte en el director del departamento, no solo aumentará su sueldo, sino también sus subsidios.

Plácido pareció interesarse un poco.

—El subsidio va directo a la tarjeta de la cafetería. —Aldana levantó la barbilla y arqueó las cejas—. ¡Imagínese cuántos snacks podría comprar cada mes!

Plácido se quedó sin palabras.

Lo pensó detenidamente, se ajustó las gafas y miró a Aldana.

—Pero tú tendrías que ayudarme con el resto del trabajo.

—Trato hecho.

Aldana aceptó sin dudar.

—Pero tienes que darme la mitad de los snacks.

Plácido sintió un tic en la comisura de los labios.

Ya lo decía él.

Sabía que esta muchacha tenía una segunda intención al inscribirlo.

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