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Más que una niña: La rebelde y su protector romance Capítulo 667

»Mi mamá siempre dice que nunca ha visto a nadie que sea bueno en los videojuegos y en los estudios. ¡Le voy a mandar esto para que lo vea!

»¡Cálmate, Demon puede hacerlo, pero tú no eres Demon!

En medio de los vítores del público, sonó el emocionante himno nacional, llenando todo el recinto con su melodiosa música.

***

Después de la ceremonia de premiación.

Aldana le arrojó el trofeo a RayoX y, mientras se masajeaba el cuello, dijo: —Hoy estuvieron geniales, pero ya están cansados. Vayan a casa a descansar.

—Jefa.

RayoX, sosteniendo el trofeo, la siguió como un perrito faldero junto con el resto del equipo y le dijo con las mejillas sonrojadas: —Vamos a cenar para celebrar.

—¿Cenar?

Aldana se detuvo en la puerta del camerino y levantó ligeramente la mirada, dubitativa.

Cuando se trataba de comida, era normal dudar unos segundos, ¿no?

—Podríamos ir a comer...

Justo cuando RayoX iba a hablar, la puerta del camerino detrás de él se abrió de repente.

Un hombre alto y de figura esbelta, vestido con una gabardina negra, de aspecto apuesto y distinguido, apareció en la puerta con un pastel de helado en una mano y la otra en el bolsillo.

Su porte y su aura dejaron a RayoX y a los demás miembros del equipo completamente atónitos.

—Jefa, ¿quién es él...?

RayoX miró a Aldana y preguntó con curiosidad.

Rogelio no dijo nada, esperando a que Aldana lo presentara.

Mientras tanto.

Su mirada se posó en RayoX, fría y penetrante.

Había visto toda la ceremonia de premiación.

Los ojos de ese chico no se habían apartado de Aldi ni un segundo.

—¿Él?

Aldana se acercó a Rogelio y, al ver el pastel en su mano, una leve sonrisa se dibujó en sus labios. —Mi novio.

—¿Tu novio?

RayoX se sorprendió un poco, y también se sintió algo desilusionado. Murmuró en voz baja: —Jefa, ¿ya tienes novio?

—¿Qué? ¿Te sorprende?

—¿Demon?

Rogelio, con una servilleta, le limpiaba con delicadeza la boca a la joven, con una sonrisa extraña en el rostro.

—Ah.

Aldana lo miró sin dejarse intimidar, extendió la mano y dijo sin rodeos: —¿El señor Rogelio no pensará en retractarse de su palabra, verdad?

—Por supuesto que no.

Rogelio sacó una tarjeta bancaria y la colocó en la palma de Aldana, con un gesto tierno y cariñoso. —Te daré todo lo que quieras.

Aldana miró al hombre y recordó la vez que lo había besado impulsivamente.

«Maldita sea».

Descubrió que Rogelio se veía aún más guapo cuando le daba dinero.

No pudo evitar quedarse mirándolo un par de segundos más.

—Aldi...

Rogelio se inclinó hacia ella, pero justo cuando iba a hablar, el teléfono de Aldana sonó de repente.

Era un mensaje de Brunilda: [¡Aaaah!]

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