Querían asegurarse de que su hijo no había buscado una novia cualquiera solo para contentarlos.
Después de todo…
El matrimonio de Rogelio era algo que siempre les había preocupado.
—Este fin de semana, entonces.
Rogelio lo pensó un momento y añadió:
—La casa familiar es demasiado formal, a mi novia no le gustaría. Quedemos en El Comedor del Bosque.
—Organízalo como quieras.
Brunilda frunció los labios y le recordó con seriedad:
—No hagas que la chica se sienta incómoda.
»Por cierto, ¿qué le gusta a ella?
»Es la primera vez que nos vemos, tengo que prepararle un regalo.
«¿Qué le gusta?». Rogelio se lo pensó detenidamente y al final soltó una sola palabra:
—Comer.
—¿Comer?
Los ojos de Brunilda se iluminaron de inmediato. Se enderezó en el sofá y su voz se suavizó.
—Pues se parece bastante a mí en eso.
»Perfecto, ya sé qué voy a prepararle.
De joyas y accesorios, la verdad es que no sabía mucho.
Pero de comida…
Ella era una experta en la materia, así que estaba segura de que no la decepcionaría.
Al fin y al cabo…
A Rogelio le había costado mucho encontrar novia, así que más valía no arruinarlo.
—
En la mesa, durante la cena.
Rogelio mencionó que verían a sus padres el fin de semana.
Aldana, que estaba mordisqueando una manita de cerdo, se quedó pensativa por un momento y levantó la vista hacia el hombre que tenía en frente.
Si no recordaba mal…
El señor Lucero y su esposa habían vuelto al país expresamente para esto.
Llevaban un tiempo diciendo que querían conocerla.
—Si no te sientes cómoda, no tenemos que ir —dijo Rogelio con ternura al ver que no decía nada—. Más adelante…
—¿Este fin de semana? —lo interrumpió Aldana.
—Sí —asintió Rogelio—. El fin de semana. Quedamos en El Comedor del Bosque. Será solo una comida, nada más.

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